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El
color espejo del alma
El color es la
"impresión que los rayos de luz reflejados por
un cuerpo producen en el sensorio común por medio de
la retina del ojo". Pero esta definición tan fría
y precisa está muy alejada de las señales que
producen los colores, de los sentimientos que
despiertan. Hasta se ha creado una especie de catálogo
estereotípico de significados o equivalencias de los
colores. El rojo puede significar sangre, lucha,
rabia, vergüenza, timidez. El verde es el color de
la esperanza, de la naturaleza pero también de la
envidia. El amarillo está asociado al
sensacionalismo periodístico y al sindicalismo
venal. El celeste valga lo obvio, al cielo, y como
tal a lo espiritual y a lo sublime. El azul al mar.
El marrón o castaño a lo turbio: "amateurismo
marrón" en el deporte, como significación de
una disciplina que se practica con un profesionalismo
oculto; "castaño oscuro" que es el mismo
que decir "marrón oscuro" es una cosa
turbia, oscura, poco clara, donde hay algo éticamente
discutible.
En tanto las
camisetas deportivas están diseñadas con colores
fuertes con finalidad diferenciadora, estos colores o
la combinación de colores pasan a constituirse en
emblemas de pertenencia e identidad. En este país no
se necesita ser demasiado avezada en lides futbolística
para saber de que se trata cuando se habla de
amarillo y negro, del tricolor rojo-azul-blanco o del
violeta. Y en política Uruguay se ha caracterizado
como uno de los países en que mayor relación existe
entre los colores y las filiaciones políticas: el
blanco y azul, el colorado, el rojo-azul-blanco.
Hay muchas formas
de manifestarse sobre el color, una es lo que podemos
denominar como la preferencia genérica, es decir,
cuando uno dice "el color que a mí me gusta es
...". Esta preferencia
genérica a su vez puede expresarse de muchas
maneras: en la decoración de los ambientes, en la
cubierta de los cuadernos, en la elección de bolsos
o mochilas, en la pintura del auto, en algunos casos
en la tinta con que se escribe. Y una de las formas
de expresar una predilección específica es en el
color de la ropa que habitualmente se usa, o el color
de la ropa que se prefiere.
Indagar en una
encuesta la inclinación por un color tiene sus
limitaciones, porque las respuestas de la gente no
especifican no sólo el tono exacto, sino por ejemplo
en la ropa elementos de textura que le da más brillo
o más opacidad. Un color como el naranja puede ser
muy oscuro o muy claro, y puede ser muy eléctrico u
opaco.
Con estas
limitaciones y aclaraciones surge con nitidez una
inclinación de los uruguayos adultos por los colores
oscuros. En la elección de la ropa de cada diez
uruguayos seis optan por colores oscuros, dos por
colores claros y para dos el tema es indiferente. Tan
indiferente como que muchos contestan "uso la
ropa que tengo". Y otros, daltónicos incluidos,
no sienten demasiada fruición por la elección de
tonos, matices y combinaciones. Esta relación marca
un cambio en la conducta de la gente habido en los últimos
siete años y medio: en mayo de 1993 la opción por
colores oscuros la realizaba el 75% contra el actual
56%. Por su parte los colores claros en la ropa
pasaron del 10% al 19%. Con todo hay que formular una
advertencia: se compara una encuesta como la actual
realizada en primavera con un anterior hecha al final
del otoño, en la época de los primeros fríos. Sin
duda en invierno se usa ropa más oscura que en
verano, y quizás algo de esto haya influido. Aún así
la variación es lo suficientemente fuerte como para
que, independientemente de la influencia de las
diferentes estaciones, se esté en presencia de un
pequeño cambio de comportamiento: un retroceso del
gusto por lo oscuro.
Cuando se habla
en general de la opción por los colores, no
referidos a ningún objeto en particular, también
prevalecen los colores oscuros pero con una menor
adhesión (45%) frente a un 22% de los colores claros
y otro 15% de colores más bien oscuros pero que
despiertan mucho brillo, como el fucsia, el naranja,
el turquesa.
Hay colores que
gustan por igual para la ropa y en forma genérica.
Es el caso del azul, color preferido de los
uruguayos, que logra la adhesión de entre el 25% y
el 26%, cifras exactamente iguales a las obtenidas
siete años atrás. Y es el caso también del negro,
preferido por el 15% para ropa y para el 11% en
general, que ha caído fuertemente en las simpatías
de la gente, al punto que en 1993 encabezada la tabla
de simpatías con un 27%. Otros colores gustan a la
gente pero no para usarlos en la ropa. El caso más
claro es el del rojo, que gusta al 14% pero que sólo
el 2% lo elige para vestir. Algo parecido pasa con el
amarillo, el verde y el blanco. A la inversa, un
tercer grupo de colores sólo son preferidos para la
ropa, como son los casos del marrón, gris, beige,
lila, bordeaux y violeta.
No hay relación
alguna entre la elección del azul y la pertenencia
política nacionalista. Lo más nítido es ver que
los blancos optan más por el blanco que los
colorados y éstos más que los frenteamplistas, pero
con pequeñas diferencias, apenas. Al revés, los
frenteamplistas eligen al negro más que los
colorados, y éstos más que los nacionalistas,
siempre también apenas. No aparece relación entre
la elección de un color simple y la adhesión a un
club de fútbol.
Los uruguayos a
través de la ropa exhiben pues esa imagen adusta,
apagada, casi triste, con la preferencia por los
colores oscuros, con predominancia del azul y el
negro. Queda más bien en el imaginario o en la
exteriorización fuera de la propia persona, del
propio cuerpo, la elección de colores más vivos. Y
aún así en la elección genérica de color también
prevalecen los colores oscuros, aunque aquí entre el
azul y el negro se cuela el rojo.
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