|
Las
monedas de los barones
Oscar
A. Bottinelli
Una
camioneta escolar sale de un colegio de Montevideo, atraviesa el
puente sobre el arroyo Carrasco y es detenida por inspectores
municipales canelonenses: no puede realizar actividad comercial en
Canelones con matrícula de Montevideo (como llevar escolares
mediante pago). Otra camioneta recoge escolares en Ciudad de la
Costa, atraviesa el mismo puente en sentido contrario y es parado
por inspectores municipales capitalinos: no puede realizar actividad
comercial en Montevideo con matrícula de Canelones. De improviso se
descubre la existencia de un Muro de Berlín virtual; no pueden
pasar los escolares que viven del lado oriental de la frontera y
estudian en la margen occidental del arroyo Carrasco.
Un
ciudadano va de Montevideo a Maldonado por Giannattasio y se le
ocurre -¡la gente tiene cada ocurrencia! - parar en un supermercado
de Ciudad de la Costa. De pronto se ve rodeado de inspectores
municipales y policías, que al grito de: "¡Muestre el recibo
de luz o reempadrone en Canelones", lo bajan del coche y ante
su protesta lo llevan a la comisaría. Es que el ciudadano lleva
auxiliar, gato, baliza, llave fija, licencia de conducir y libreta
de circulación; también porta tarjetas de crédito y cédula de
identidad; pero le exigen recibo de luz, teléfono o agua,
documentos hasta ahora no requeridos en ningún reglamento de tránsito
del Polo Norte al Polo Sur.
Estas
anécdotas, reales, denunciadas por prensa y radio, demuestran que
en un momento difícil para la gente, de fuerte recesión e
incertidumbre, para no pocos surge un problema adicional, al quedar
prisioneros de las presiones cruzadas de municipios vecinos.
El
conflicto es viejo y creciente. Hace como ocho años la Intendencia
de Montevideo disparó una ola persecutoria a vehículos del
interior. Con los fríos de este invierno vino la arremetida de la
Intendencia de Canelones, que apoyada por la presión policial, logró
un importante número de reempadronamientos. En ese momento la
Intendencia de Montevideo reaccionó con un comunicado a todos sus
matriculados, el que decía (faltas gramaticales incluidas):
"Ante versiones contradictorias que han circulado, se recuerda
a los contribuyentes de Patente de Rodados, que de acuerdo a lo
resuelto por el Congreso Nacional de Intendentes Municipales el 17
de junio de 1992, el empadronamiento de vehículos podrá
realizarse, a elección del interesado, tanto en el Departamento de
su domicilio como en aquél donde ejerza su actividad empresarial o
laboral". Pero ahora el propio municipio capitalino destella
amenazas: reempadrone o pague el doble. Y para fundamentarlo un
jerarca señala que se aplicará el Código Civil (¿?), el que dada
su vejez poco se preocupa del tránsito, aunque sí del domicilio.
Si algo resulta enredado en este país, es definir con precisión
los temas de domicilio, residencia y radicación. La radicación es
más restrictiva que el domicilio, pues como se deduce con facilidad
quiere decir "echar raíces, arraigar". Y nada difícil le
resultó a Mario Carminatti, siendo intendente de Río Negro en el
'94, demostrar su radicación en la capital (raíces o tallo largo,
como de trescientos quilómetros), aunque es verdad que contó con
abogados ingeniosos, Corte Electoral benigna y contrincantes
tolerantes. Si pudo demostrarse tal radicación ¿cómo alguien
piensa que puede resolverse con un simple recibo de luz, teléfono o
agua el complejo tema del domicilio, la residencia, el ánimo de
permanencia, el domicilio comercial, o el domicilio en tanto lugar
de trabajo?
El
tema de fondo es que las Intendencias tienen recursos muy limitados,
menores a sus requerimientos. Prácticamente todas han llegado al límite
posible de la presión tributaria. Buena parte está ahogada por el
peso de un gasto inelástico, como las retribuciones personales,
producto en la mayoría de los departamentos del interior por el
crecimiento excesivo del número de funcionarios y en Montevideo,
donde hubo una efectiva reducción de la plantilla, por un
significativo incremento de las retribuciones ordinarias y
extraordinarias. Los recursos comunales tienen pocas fuentes
significativas: la tributación sobre la propiedad inmueble
(contribución inmobiliaria y tasas diversas), el impuesto a la
compraventa de vehículos, la patente de rodados y gravámenes a las
actividades comerciales, industriales y de servicios (a los locales
comerciales, industriales y oficinas, a la cartelería y publicidad
en vía pública, tasa bromatológica).
La
contribución inmobiliaria rural es uniforme para todo el país. Los
impuestos a las actividades económicas no tienen peso suficiente
para jugar un papel significativo cuando se decide la radicación de
un emprendimiento. Las políticas tributarias comunales pueden
afectar la radicación de la gente en países como Estados Unidos,
pero no en Uruguay; aquí nadie se mueve porque la contribución y
tasas afines suban o bajen. Entonces, el único tributo móvil es la
patente de rodados: el contribuyente reacciona acorde a las reglas
del mercado y busca el departamento que ofrezca menores gravámenes;
los municipios apelan al mercado con políticas de estímulo a los
empadronamientos. La Intendencia de Canelones que hoy reacciona
policíacamente, años atrás dio todo tipo de franquicias para
captar nuevos contribuyentes. La Intendencia de Durazno que sufre el
embate del dumping de Flores, tiene a su vez alrededor de dos mil
vehículos matriculados en el departamento por parte de propietarios
que ni se domicilian, ni trabajan, ni tienen propiedades en el
mismo; y la contracara es que estos vehículos registran altas tasas
de morosidad ante la falta de controles; inclusive algunos circulan
con matrículas viejas, ya sustituidas.
Las patentes de rodado son un bien limitado y perfectamente
delimitado. Por más que se empeñe un intendente, sólo puede
lograr aumentar la recaudación con menoscabo de sus colegas. El
total de la torta no cambia La lucha de los barones comunales por
las monedas de ese tributo provoca ganadores y perdedores
temporales, perdedores que luego buscarán cambios en las reglas de
juego para ser los nuevos vencedores, y así la rueda girará ad
infinitum. Todo se reduce a repartir el producido inmodificado de
las patentes y los diecinueve intendentes han sido incapaces de
encontrar fórmula alguna de prorrateo. El reparto entonces será el
producto de las amenazas y coacciones cruzadas que sobre los
propietarios de vehículos realicen las distintas intendencias, y la
colaboración que preste a unas y quite a otras el Ministerio del
Interior. El ciudadano será un condenado a morir descuartizado
entre los tironeos de intendentes, cuya lucha no reconoce
diferencias de partido ni de sector. Como en la Europa de Richelieu
ganará el que construya las mejores alianzas, y con ello obtenga
mayor fuerza, aunque un príncipe de la Iglesia se alíe con los
principados protestantes.
|