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movimientos, no todos exitosos, hacia la conformación de
áreas de libre comercio, uniones aduaneras y bloques de integración
económica. Por otro lado, el fin de la guerra fría supuso la caída
de un orden internacional, el basado en la bipolaridad y la paz
sostenida por el recíproco poder de destrucción planetaria. Como
sucedió con el fin del Concierto de Europa primero o con la caída
a cañonazos de la bipolaridad que dio origen a la primera guerra
mundial, la terminación de un orden internacional da lugar a un
proceso largo, complejo y desordenado, hasta que las piezas se
reacomodan y surge un nuevo orden. En estos momentos la humanidad
vive ese doble proceso de reelaboración de un orden internacional y
de construcción de grandes espacios comerciales. A la larga, lo más
probable es que ambos procesos resulten convergentes:
independientemente de cómo surjan, si como proyectos económicos o
como proyectos políticos, los bloques políticos y económicos
tenderán a ser los mismos.
No todos ven este proceso como político,
muchos (y es lo dominante en el caso uruguayo) discuten las diversas
alternativas exclusivamente en términos comerciales, aduaneros y
económicos. Sin embargo, detrás de la postura pro Nafta de Batlle,
de la pro ALCA de Lacalle y de la pro Mercosur asociado a la Unión
Europea que sostuvo hasta hace poco Sanguinetti, hay deseos de
pertenencia a uno u otro bloque del futuro orden internacional;
aunque no lo expresen explícitamente, aunque alguno ni siquiera lo
perciba, las alternativas económicas y comerciales que desean para
Uruguay son parte de un propósito esencialmente político.
En el caso de Brasil no hay duda
que el proyecto político precede al proyecto económico: el
Mercosur, o el Amercosur como algunos han denominado a la ampliación
de la zona hacia los países andinos, supone la conformación de un
gran bloque político liderado por Brasil, bloque que podrá llegar
a ser autónomo o ser parte de un superbloque o con América del
Norte o con Europa. También la concepción de la integración económica
como un proyecto esencialmente político ha guiado la construcción
europea desde los primeros pasos hace exactamente medio siglo,
cuando nace la Comunidad Europea del Acero y el Carbón y se llega
ahora a la Unión Europea, parcialmente a la moneda única y con el
Tratado de Niza a la delegación explícita de soberanía. Y esa
concepción política guía los pasos de la UE en sus tratativas con
otros bloques del mundo.
El Mercosur nace con una formidable
pretensión, la de recorrer el camino europeo al quíntuple de
velocidad. Saltea la etapa de la zona de libre comercio para nacer
como unión aduanera. A los cinco años presenta al mundo el símbolo
del proyecto político con la inclusión de la palabra Mercosur en
los pasaportes de los cuatro países. Y con siete años de edad se
lanza a nivel presidencial la idea de una moneda única (hasta se
menciona un nombre posible, el "gaucho"), lo que de suyo
supone la convergencia de las macroeconomías. Y dio un paso más
allá, al iniciar negociaciones para un superbloque Unión
Europea-Mercosur. Esta concepción maximalista del Mercosur coincide
plenamente con los designios brasileños, y de aquí surge sin duda
la mayor debilidad de las propuestas de reducir el Mercosur
exclusivamente a una zona de libre comercio, porque es muy probable
que Brasil se desinterese de la conformación de un bloque carente
de perspectivas políticas. En definitiva Brasil no gana mercado
alguno en una zona de libre comercio con Uruguay y Paraguay, y lo
que gana con Argentina le es rentable en tanto tenga sus
contrapartidas. Ya hay señales inequívocas que con el
debilitamiento del Mercosur los potenciales inversores en esta zona
del mundo desvían su inversión hacia Brasil, al punto que fábricas
ya instaladas en Argentina son desmontadas y trasladadas hacia
aquel. El interés primordial de Itamaratí es la conformación de
un gran bloque político, y esa es la única razón por la cual
Uruguay ha tenido un protagonismo desmedido a su tamaño. En
contrapartida, Brasil jugó mal su relación con los socios y no
demostró capacidad para construir y liderar un bloque político; su
gran error fue privilegiar ganancias o soluciones inmediatas a
riesgo de mellar la credibilidad en el objetivo estratégico. Cuando
devaluó el real y cuando pone múltiples y minúsculas trabas al
ingreso de productos de los países socios, lo que devalúa es la
credibilidad en el Mercosur como objetivo integrador, económico y
político. En este camino se ha hecho muchas trampas al solitario.
En medio del proyecto Mercosur se
cruza el proyecto del ALCA y en principio la postura del Mercosur,
impulsada por Brasil y Uruguay (administración Sanguinetti) , con
reticencia Argentina, se inclina por considerar que el ALCA debe ser
una zona de libre comercio a la cual se incorpore el Mercosur como
un bloque y no como cuatro países separados. La devaluación del
real fue un golpe fuerte para los sueños mercosurianos y permitió
que afloraran en la región diversas propuestas que, sin ser nuevas,
encontraron allí eco para su difusión. Una: el poner un freno al
Mercosur. Dos, el dar un paso atrás y transformarlo exclusivamente
en una zona de libre comercio. Tres, el no preocuparse demasiado por
el Mercosur y poner todas las expectativas en el ALCA o en el Nafta.
A nivel uruguayo Lacalle fue un abanderado inicial de la pausa en el
proceso integrador subregional y el entonces precandidato
presidencial Batlle arremetió con el camino del Nafta y
subsidiariamente del ALCA para llegar a éste no como parte del
Mercosur sino por sí mismos, como Uruguay. Para Batlle el objetivo
señalado tempranamente fue siempre lograr integrar una zona de
libre comercio con Estados Unidos, ya fuere como integrante de un
club privilegiado de cinco o seis miembros, ya fuere en su defecto
como parte de esa macrozona desde Alaska a Tierra del Fuego. La
postura del presidente se ha visto reforzada por una actitud de la
Unión Europea que devaluó también las expectativas de rápidos
avances.
A Uruguay pues, se le abre una
primera gran alternativa entre apostar estratégicamente al Mercosur
o apostar estratégicamente a Estados Unidos.
La situación deja abiertos
entonces tres caminos para el Mercosur: el camino propio, la
asociación con la Unión Europea, o la integración al ALCA. El
segundo camino tiene dos opciones, elección que no será uruguaya
sino producto de las circunstancias: el ingreso al Nafta o el
ingreso individual, como país, al ALCA.
Desde el punto de vista comercial
las alternativas no son todas excluyentes. Desde el punto de vista
estratégico los caminos son alternativos.
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