|
Lo que Argentina nos deja
Oscar A. Bottinelli
Lo
que en los días o semanas venideros pase en Argentina
repercutirá sensiblemente en las elecciones uruguayas del
2004, que es decir que tendrá impacto sobre el futuro del
país. Por un lado por lo que resulta más obvio, por lo que
todos por aquí esperan, que son los efectos sobre el turismo,
las exportaciones, la moneda y la economía en general. Pero
por otro lado por un tipo de repercusión que será tanto o más
profunda en el terreno de las opciones ciudadanas: la
percepción de validez o fracaso de un modelo, o al menos de un
camino.
Las ideas tienen sus tiempos de auge y sus tiempos de declive,
que nada tiene que ver con la consistencia o inconsistencia de
las mismas, que en definitiva no son un problema de razón o
sinrazón, sino de formas distintas de ver al mundo y la
sociedad. El modelo de sustitución de importaciones y de
Estado omnicomprensivo pasó a ser casi indiscutido en
Occidente desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta
bastante avanzados los setenta. Un poco después vino el auge
del liberalismo económico reformulado o redivivo, lo que se ha
llamado con un poco de imprecisión el neoliberalismo, que
supuso la primacía de lo económico sobre lo político, el
sentido de la rentabilidad, los valores del mercado y la
competencia, la búsqueda del libre comercio. Hoy se atisba un
nuevo giro en el mundo, el que se viene dando en Uruguay desde
hace unos tres años: el retorno de la valoración del Estado,
del accionar político y un cierto descaecimiento del valor del
mercado y de la competencia. Las ideas van y vienen con un
movimiento casi pendular, aunque no es un péndulo perfecto,
porque el eje se mueve y nunca los escenarios se repiten con
exactitud; algo así como el triple movimiento de La Tierra.
Para unos cuando el péndulo se mueve retrocede, y para otros
avanza. Lo que importa para analizar y predecir los
comportamientos de la gente no es si hay avances o retrocesos,
que hay de unos y de otros según el gusto de cada uno, sino
cuáles son las percepciones públicas, qué es lo que en un
momento determinado predomina como lo preferido o lo correcto.
Para la perspectiva no especializada, popular, el camino
recorrido por Argentina a partir del despuntar de los noventa
supuso aplicar las recetas del más puro liberalismo económico:
reducción del papel del Estado, privatización de empresas,
desmonopolización de actividades, apertura al mundo exterior.
Ello puede ser cierto o no, se puede haber aplicado las
recetas neoliberales o las mismas quedaron a mitad de camino;
lo que importa para este ángulo de análisis es lo que cree la
gente. Y la gente aquí, en la margen izquierda del Plata, cree
que fue algo así como el paradigma del neoliberalismo. Aunque
resulte curioso para un observador europeo, para la mitad de
los uruguayos han sido tan liberales las administraciones de
Batlle y Lacalle como las de Sanguinetti. De donde, el fracaso
argentino puede considerarse como el pronóstico de a donde va
el modelo de estos gobiernos uruguayos. Entonces, de alguna
manera el éxito o el fracaso argentino repercute sobre la
confiabilidad del modelo de país (o de los modelos de país) de
los partidos tradicionales.
Otro tema asociado es que los que desconfían del liberalismo
económico, a su vez desconfían de las calificadoras de riesgo
y del Fondo Monetario Internacional. Y resulta que en estos
días, en cuanto a Argentina, han empezado cuestionamientos
sobre la sabiduría del FMI y la metodología de las
calificadoras de riesgo, en particular sobre el sentido común
del riesgo país (¿existe un riesgo cualitativamente diferente
entre 1.200 y 3.500 puntos? ¿no es un tecnicismo de poca base
y que pone nervioso al gran público?). Hay muchos analistas
calificados que creen que alguna calificadora de riesgo y
algún sector del FMI operan en pro de un golpe de Estado en
Argentina; un golpe institucional, como el ocurrido en
Paraguay poco ha, o más atrás en Ecuador, pero golpe al fin.
De donde, si Argentina fracasa por formas de proceder del FMI
y de alguna calificadora de riesgo, formas que el público no
entienda, o crea en ellas ver intereses non sanctos, es otro
elemento más para añadir a la cuenta del comportamiento
electoral uruguayo para el 2004.
|