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Una de las incógnitas que falta despejar para que se complete el
diseño del cuadro político de cara a las elecciones nacionales se
llama Danilo Astori. O más exactamente, lo que propios y extraños
susurran en el oído del senador, los operativos que se imaginan o
intentan realizar desde fuera de la izquierda y las apuestas que
algunos de sus seguidores le incitan a repetir. En la superficie, su
situación se asemeja a la que tres lustros antes viviera Hugo
Batalla, aunque como en ese juego de busque las diferencias, quizás
éstas son mucho más que las semejanzas.
Desde enfrente de la izquierda y fuera o en el borde de los partidos
tradicionales hay gente abocada a un “operativo Astori”. ¿En qué
consiste ese operativo? En buscar conformar un gran espacio fuera de
los tres grandes partidos, con el senador como referente. Se basa en
tres hipótesis: Una, que un espacio de tal naturaleza puede captar
la suficiente cantidad de votos como para impedir el triunfo de
Tabaré Vázquez en la primera vuelta. Dos, que ese espacio puede
desplazar del segundo lugar a cada uno de los dos partidos
tradicionales y llegar al balotaje. Y tres, que en ese balotaje
Astori tiene más posibilidades de vencer que Vázquez. Pero además de
supuestos, este operativo tiene un fantasma llamado Batalla. Y ese
fantasma pone en duda las tres hipótesis, ya que ellas suponen que
el atractivo y la adhesión a una fuerte figura del Frente Amplio, se
mantiene inalterable si se va de allí; en otras palabras, que
conserva todo lo que tiene y además crece. La historia demuestra, y
por supuesto que la historia no necesariamente se repite hacia
adelante, pero al menos obliga a la prudencia si se pretende
transgredir el pasado, que en Uruguay desde el punto de vista
electoral han fracasado todos los cambios de partido. No sólo no fue
matemáticamente exitoso el abandono del Frente Amplio, sino que
tampoco fue electoralmente exitoso para quienes se fueron hacia el
FA desde el Partido Colorado o desde el Partido Nacional. El
transformismo (como se lo denomina en Italia) no funciona aquí como
ocurrió a principios y a fines del siglo pasado en la península o
como funciona en Brasil.
Pero hay una cuestión de previo y especial pronunciamiento, y es si
por la cabeza del senador y de sus seguidores pasa la idea de
abandonar esta tercera colectividad histórica para emprender una
aventura o un desafío a la intemperie. Lo primero que aparece es una
crucial diferencia con Batalla y sus seguidores: éste era un hombre
de convicción socialista democrática y batllista que no sentía el
frenteamplismo como una identidad, sino que veía al Frente Amplio
como una agregación de fuerzas políticas diferentes, que podían ser
compatibles en un momento e incompatibles en otro. Astori en cambio
es un hombre de camiseta tricolor, en la doble acepción que puede
tener en este país, e igual de fanático en ambos terrenos: como
frenteamplista y como nacionalófilo; su frenteamplismo no es
instrumental sino una identidad, una pertenencia. No es exagerado
decir, ni desdoroso para nadie, que en tanto pertenencia Astori se
siente a sí mismo más frenteamplista que lo que se siente el propio
presidente del Frente Amplio; es que para Vázquez el FA es un
instrumento para un determinado período histórico, ya que se siente
el referente del progresismo, de las causas populares, del cambio
social, causas para las cuales las herramientas pueden ir cambiando
y adaptándose. Esta diferencia entre Astori y Batalla no es nada
menor, pues marca la diferencia entre poder abandonar o no abandonar
el Frente Amplio. Para el senador irse del FA es como pensar que
Lacalle pudiese irse del Partido Nacional o Sanguinetti del Partido
Colorado.
Pero el proyecto de un gran espacio de centro izquierda necesita
además de algún desprendimiento importante de algún partido
tradicional, y los ojos se posan en figuras del nacionalismo.
También aquí las probabilidades que alguien se vaya de la casa
paterna y quede a la intemperie son casi inexistentes. Estos son los
hechos sustanciales que permiten avizorar que la elección
presidencial va a girar en torno a los tres grandes partidos en
torno a los cuales viene girando en la última década.
El otro ángulo del “Factor Astori” es cuál será la conducta del
senador y de su grupo, Asamblea Uruguay, en materia de candidatura
presidencial. Hasta ahora se da como un dato la aceptación pacífica
de la candidatura de Tabaré Vázquez por la Nueva Mayoría, es decir,
por la conjunción del EP-FA y el Nuevo Espacio. Por otro lado,
mientras este conjunto linde en el 50% del total del electorado
tienta a más de uno la idea de que la Presidencia de la República se
dirima en competencia abierta cuando las elecciones preliminares
previstas para el 27 de junio (si se confirma el cambio de fecha).
En otras palabras, se parte del siguiente razonamiento: Uno, la
izquierda ya ganó la Presidencia de la República. Dos, la única
posibilidad de que Vázquez no sea el presidente, es que pierda la
candidatura en las internas del 27 de junio. Tres, para la gente
independiente, blanca y colorada, no hay mejor opción que votar por
Astori contra Vázquez en esa interna. Luego, para quien allí gane,
lo demás es un trámite. Como todo planteo futurista, el problema es
que las hipótesis se den en la realidad. La primera de ellas es que
dentro de un año la Nueva Mayoría se mantenga en el borde o por
encima del 50% y no entre en una zona de disputa con los partidos
tradicionales, lo cual hoy por hoy no puede afirmarse que ocurra ni
que deje de ocurrir. La segunda es que más allá del rechazo a
Vázquez existente en el grueso de los electorados blanco y colorado,
esos electorados estén dispuestos a trasladarse hacia el interior de
la izquierda para dirimir allí la disputa interna. La tercera es que
Astori y su grupo estén dispuestos a repetir una experiencia
(competir adentro contra Vázquez, como en abril de 1999), que les
resultó muy farragosa.
En la imaginación de uno u otro escenario hay bastante gente
especulando. La incógnita es, si esas especulaciones tienen algún
margen de traducción a la realidad. Y por encima de todo, si el
protagonista principal está dispuesto a considerar alguno de esos
escenarios.
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