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En los últimos tres meses los uruguayos vivieron las dos caras de
esta sociedad abierta: la fuerte y cercana impronta inmigratoria, la
contemporánea ola emigratoria. Primero se vivió una mini-campaña
electoral protagonizada por los partidos españoles en busca del voto
aquí para las elecciones municipales, provinciales y (parcialmente)
regionales de la península, voto emitido vía consular por los
ciudadanos del Reino, ya fueren residentes en el país nacidos en
España o uruguayos con simultánea nacionalidad española. Poco
después se estrenó la Circoscrizione Estero, que permitió votar en
dos referendos a los ciudadanos italianos, los nacidos en el viejo
continente o los nacidos aquí de sangre itálica. Es la cara de la
moneda de un país matrizado en la migración cercana, la que lleva
que seis de cada diez uruguayos tengan abuelos nacidos en Europa o
sus confines. Más o menos por las mismas fechas surge desde la
izquierda la propuesta de otorgar el voto en el exterior a los
ciudadanos uruguayos residentes en el exterior. Es la otra cara, la
del país con su pequeña diáspora.
Originalmente el voto es concebido como un acto personal ligado al
domicilio, al vecindario. Es un conjunto de personas que viven en el
mismo lugar que se reúnen para elegir a sus representantes (y más
tarde, con el desarrollo de los institutos de democracia directa,
para dar el sí o el no). El desarrollo de las comunicaciones creó el
problema del individuo fuera de su comarca el día de las elecciones.
Así nacieron diversas formas de voto a distancia. Uruguay creó el
voto interdepartamental, el derecho de la gente a votar en cualquier
punto de la República hacia su propio departamento. Los Estados
Unidos de América crearon el voto postal. Y con el desarrollo de las
comunicaciones, de los viajes y de las emigraciones, surgió el voto
desde el exterior, en dos grandes modalidades: una muy simple, ya
que no supuso cambio alguno a lo pre-existente, que fue la extensión
del voto postal; la otra fue la creación del voto consular (y
vinieron luego modalidades intermedias, como la italiana, que
combina el voto postal con la intermediación consular).
El voto interdepartamental en su concepción originaria no generó
polémica alguna. La cosa se complicó cuando dejó de ser un acto de
viajeros para pasar a ser un acto de emigrantes. ¿Qué ocurrió? Los
uruguayos empezaron a cambiar de departamento, lo que en buen
romance significó que del interior se trasladaron a Montevideo. El
apego al terruño y el apego a la serie y al número de su primera
credencial produjeron la inflación del voto interdepartamental, al
punto que la última vez que se usó llegó a ser casi uno de cada diez
votos de los departamentos del interior. Gente con 10, 20 y 30 años
de residencia plena en Montevideo siguió votando en el interior.
Surgió una polémica en dos planos: sobre lo práctico y sobre lo
sustantivo. En lo práctico la eliminación del voto
interdepartamental fue sugerido para evitar el complejo proceso de
análisis de la validez de cada voto, el estudio de cada impresión
digital, la comprobación de la habilitación y correspondencia de la
respectiva serie y número de inscripción; y consecuentemente, el
formidable alargamiento de los escrutinios, en particular del de
Montevideo. Sobre lo sustantivo la incidencia del voto
interdepartamental levantó también sus tormentas; es que más de una
vez un gobierno municipal, una banca de diputado o al menos de edil,
cambió de manos por la incidencia del voto allende los límites. Vino
pues el debate: los que no viven en el departamento ¿tienen el
derecho a decidir lo que allí pasa? De un lado se sostuvo que el no
trasladar la credencial implicaba un apego al terruño, acompañado
muchas veces del mantenimiento de intereses materiales en el mismo.
Del otro se argumentó que quien no vive ni padece en un lugar, no
debe decidir lo que allí ocurre.
Los países que establecieron el voto desde el exterior pasaron (y
siguen pasando) por polémicas parecidas. Sobre lo sustantivo los
argumentos fueron parecidos, aunque más fuertes. De un lado: qué
tienen que meter las narices sobre lo que pasa en Italia, los que no
viven allí ni les afecta lo que ocurra. Del otro lado, el concepto
de ciudadanía común, de raíces, de comunidad de sangre y cultura. En
el caso italiano la concesión del voto en el exterior, que recién
comienza a aplicarse, es concurrente con el desarrollo del concepto
de “L´altra Italia”, del mundo de los italianos del exterior. El
paso dado fue uno de los más amplios en el mundo comparado, pues
supuso la creación de una circunscripción exterior, que no sólo
vota, sino que elige a sus representantes; en el 2006 la Italia
all´estero enviará a Roma 6 senadores y 12 diputados. Parece claro
que no solo hay un elemento nostálgico, sino de larga estrategia
política, de extensión de la influencia de una potencia mundial a lo
largo del orbe, a través de sus propios connacionales. Como toda
medida política, tiene sus razones profundas y sus razones
episódicas. El voto y la representación del exterior fueron
promovidos desde la derecha, que cree que lo beneficia.
¿Cuál es el sentido de extender el voto a los uruguayos? En lo
episódico, la izquierda cree que se beneficia con ello, lo que en
verdad carece de toda demostración. A falta de estudios al respecto,
cabe decir que puede ser o que puede no ser, y que todo es posible.
En lo sustantivo, significa una movida estratégica, la creación de
una especie de gran comunidad de la diáspora uruguaya que se ligue
al país, entre otras cosas, por el voto. Hay elementos que permiten
sostener la existencia de actitudes comunitarias de los uruguayos en
el exterior, o de una gran parte de los mismos, de mantenimiento de
vínculos, tradiciones y sueños. La respuesta desde el coloradismo ha
sido negativa, con el argumento también clásico de que no se
justifica el voto del que no participa en una comunidad ni recibe
las consecuencias directas de su voto. En lo episódico, también
aparece la idea de que este voto lo podría perjudicar. Pero más allá
de lo episódico, y de los fenomenales problemas instrumentales que
supone el voto en el exterior (nada fáciles de resolver), aparece
planteada una discusión que hace a la larga estrategia de la
sociedad uruguaya, en momentos en que pierde a muchos de sus hijos.
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