Las elecciones nacionales de 2009 pueden considerarse
como clave para el futuro del país, como un punto de
inflexión, donde cada mitad del país se juega mucho en
términos estratégicos, se juega cosas decisivas. Para
“La Izquierda” - término con criterio operativo para
englobar a todas las fuerzas políticas, sociales y
económicas que se reconocen en el Frente Amplio – lo que
está en juego es la continuidad en el gobierno o un
fracaso en términos históricos, que compromete la propia
continuidad del Frente Amplio y hasta quizás la misma
credibilidad en el sistema democrático de algunos grupos
políticos, pero especialmente de algunos segmentos
sociales y de fuerzas sociales. Para “Lo Tradicional” –
término con criterio operativo para englobar a todas las
fuerzas políticas, sociales y económicas que se
reconocen en los partidos tradicionales – lo que está en
juego es la reconquista del gobierno o su pérdida por
larga data.
“La Izquierda” vivió su centenaria vida como
competidor electoral con sentido de acumulación
histórica. Primero fueron los sesenta años de los
partidos originados en el marxismo; luego casi tres
décadas y media de creación del Frente Amplio,
sobrevivencia a la persecución y a las fracturas, y
luego crecimiento ininterrumpido, finalmente el alcanzar
el gobierno con sentido de quiebre histórico, de
recambio definitivo del bloque político al frente del
gobierno. En términos de determinismo histórico, para
“La Izquierda” el año 2004 fue la llegada al gobierno
para, desde allí, caminar hacia la conquista final del
poder. Desde el gobierno se apuntó a lo que considera
corregir injusticias y fracasos de las políticas
neoliberales, sentar las bases hacia el poder – en medio
de cuyo camino está la Asamblea Constituyente – y desde
el poder el cambio histórico de sistema social. Es
decir, “La Izquierda” como parte del proyecto
transformador latinoamericano. Para manejar las cosas en
forma muy estricta, esto es lo que aparece más bien
sugerido en los documentos oficiales del Frente Amplio,
sostenido con claridad por una parte considerable del
partido de izquierda (quizás la mitad, quizás algo
menos), pero lejos de ser compartido por la unanimidad
del frenteamplismo, buena parte del cual se reconoce más
en la franja socialdemócrata europea que en el
socialismo transformador latinoamericano.
Una derrota en 2009 representa el quiebre de ese
determinismo y significa un fracaso en términos
históricos, que para algunos puede suponer el
agotamiento de la vía electoral. Para otros puede
significar una formidable desmotivación hacia lo
político y el descreimiento en el propio pueblo. No es
fácil imaginar los impactos que una derrota puede
ocasionar al Frente Amplio, pero sin duda es un golpe
difícil de asimilar y, hasta muy poco, realmente muy
poco, inimaginable para la totalidad de sus dirigentes,
todos los cuales todavía no avizoran el espectro de la
derrota electoral.
Para “Lo Tradicional”, el paisaje natural del Uruguay
es el gobierno del país por los partidos tradicionales,
tan connatural como el terreno suavemente ondulado, el
clima templado o el incesante viento. No se alcanzó a
comprender por qué ocurría el fenómeno de crecimiento
del Frente Amplio, no se atinó a un diagnóstico certero
y se creyó que podía frenarse con modificaciones
constitucionales que obstruyesen su acceso al gobierno.
No solo no se impidió su acceso, sino que se lo postergó
para que lo alcanzase en las mejores condiciones
políticas, es decir con la mayoría absoluta del país más
una holgada mayoría parlamentaria detrás de sí. Lo que
nadie pudo prever, porque estaba más allá de todo
cálculo, es que coincidiese además con el mejor momento
de crecimiento económico del mundo y de la región en
muchísimas décadas; y tampoco nadie pudo prever que si
no se hubiesen puestos los obstáculos constitucionales,
quizás hubiese alcanzado el gobierno en uno de los
peores contextos regionales de la historia (no es seguro
que se hubiese dado ese acceso al gobierno, porque el
cambio de reglas de juego supone necesariamente un
cambio en la conducta de los actores, pero las
probabilidades eran muchas). Producido el gran desgaste
de los partidos tradicionales como un conjunto, ante una
sociedad con una formidable herida como consecuencia de
la crisis de 2002, la salida de los partidos
tradicionales del gobierno apareció como un alivio
temporal, como el fin de un suplicio. Máxime cuando
muchos pensaban que el Frente Amplio iba actuar con
inmadurez e irresponsabilidad, y el lustro iba a
culminar con una población clamando por el retorno de
blancos y colorados, en medio de una desocupación
espeluznante, alta inflación, desestructuración del
Estado. Ello no ocurrió, entre otras cosas porque el
gobierno del Frente Amplio fue un gobierno normal, menos
prudente de lo debido según unos, más prudente según
otros, pero dentro de lo que se puede llamar franja de
normalidad. Y contó con una bonanza económica
excepcional.
Si el Frente Amplio gana en 2009 quiere decir que no
llegó al gobierno para ocuparse de los asuntos públicos
en el intervalo entre un largo ciclo tradicional y el
siguiente, en el entretiempo de descanso para que los
partidos tradicionales recuperasen fuerza. Entonces, los
cálculos básicos de “Lo Tradicional” fallan. Lo que
sigue es entonces un Frente Amplio que debe seguir su
maduración en el gobierno y tiene por delante las
posibilidades de seguir avanzando en su proyecto, o en
algunos de sus proyectos, más hacia una socialdemocracia
clásica o hacia un proyecto socialista transformador.
Si el Frente Amplio pierde en 2009 se romperá el
imaginario de un determinismo histórico inexorable. No
habrá pasaje del gobierno al poder, sino que habrá
retorno desde el gobierno hacia el llano. Y ese periodo
de gobierno oficiará como el descanso necesario para que
los partidos tradicionales hayan descansado, lavado sus
heridas, para que el paisaje político del Uruguay fuese
el mismo que existió desde su nacimiento como República.
Quizás no sea todo tan dramático. Se consolide el
bipartidismo y más tarde o más temprano las alternancias
en el gobierno. Que el Frente Amplio si gana deba
revalidar lustro a lustro el apoyo mayoritario, y que si
gana “Lo Tradicional” también deban revalidar lustro a
lustro su apoyo. Los primeros deberán demostrar cada
cinco años que siguen siendo confiables para la mayoría;
blancos y colorados deberán demostrar que un retorno
suyo al gobierno no implica el retorno de las prácticas
que lo alejaron de las grandes mayorías. Quizás sea así,
pero por ahora parece que la visión predominante en “La
Izquierda” y en “Lo Tradicional” es mas apocalíptica. Y
la campaña electoral entonces puede llegar a tener tonos
apocalípticos.