Indicios
de una crispación
en las relaciones políticas
Oscar
A. Bottinelli - diálogo con
Emiliano Cotelo
EMILIANO COTELO:
La suspensión del diputado Nicolini
dispuesta por la Cámara de
Senadores con votos de blancos y colorados
ha creado una situación tensa en el
panorama político y marca la
existencia de indicios de una
crispación en las relaciones entre
los partidos. Este es el tema que nos
propone el politólogo Oscar
Bottinelli esta mañana.
OSCAR BOTTINELLI:
Veamos brevemente una sucesión de
hechos ocurridos en el último
año calendario, en los
últimos 12 meses, o en los
últimos 24 meses, ya que hay un
episodio muy largo.
En primer lugar tenemos los episodios en
torno a las denuncias de corrupción
que independientemente del tema de fondo
fue un tema que empezó a generar
crispaciones en las relaciones
políticas, entre otras cosas porque
hubo denuncias o manejo de nombres que
luego no fue acompañado por pruebas
ni sostenidas las denuncias, caso por
ejemplo del ex ministro de Salud
Pública, Guillermo García
Costa, cuyo nombre se mencionó
varias veces y luego aparece que nadie
sostiene denuncias contra él.
Esto va generando el clima, por un lado
hay quienes están investigando y
denunciando corrupción y grupos
políticos que por la forma en que
se formulan determinadas denuncias
empiezan a sentirse atacados en tanto
grupos políticos y en tanto
considerar lo que es una maniobra
política en su contra.
No estamos diciendo que sea correcto lo
uno ni lo otro, sino cómo va
percibiéndose la cosa. Esto empieza
a tensar las relaciones entre sectores
políticos de distintos
partidos.
Pero luego tenemos la campaña
plebiscitaria, una campaña
plebiscitaria que particularmente a partir
del 3 de noviembre, del acto de La Paz,
que implica una especie de gran
relanzamiento público de la figura
de Tabaré Vázquez, inicia
una campaña electoral, en este caso
por el NO, en un tono extraordinariamente
duro para los parámetros más
usuales de nuestras campañas y
además con un nivel de acusaciones
y denuncias que rozaba las buenas
intenciones o la ética de los
contendores, una campaña que fue
creciendo en dureza y que llevó al
general Seregni a marcar distancia de esa
campaña por el NO que
consideró que estaba transgrediendo
lo que eran los límites aceptables
de una confrontación
política.
Por otro lado aparece una publicidad
expresamente asumida por el Partido
Colorado que marca características
muy raras en el Uruguay, muy
extraordinarias como es el uso de figuras
ajenas para buscar argumentación a
su favor; concretamente el tomar trozos de
dichos del general Seregni y del senador
Astori que se toman de entrevistas
periodísticas, de noticieros
televisivos y que aparecen en los spots
publicitarios del SI del Partido
Colorado.
En general en el Uruguay esto no es
común, no sólo en la
política; los que han visto
publicidad de otros países saben
que por ejemplo en Estados Unidos es
común que por ejemplo una marca de
una bebida explícitamente nombre a
la otra bebida, la descalifique y diga lo
mala que es. Esto ha ocurrido
excepcionalísimamente, e incluso ha
habido medidores muy claros de rechazo de
la población a este tipo de
publicidad. Pero en el juego
político es visto como un
enrarecimiento y prácticamente no
se conocen antecedentes claros de utilizar
este recurso.
Después ya en el verano el clima ya
venía crispado, hechos de un lado,
hechos del otro; se aprueba la nueva
Constitución, la necesidad de
reglamentarla y un fortalecimiento de ese
bloqueo, de esa polarización cuando
desde inicialmente el Partido Colorado y
el Partido Nacional, pero se compromete en
esto el propio presidente de la
República, aparece un rechazo a la
participación del Frente Amplio en
la discusión de la
reglamentación constitucional,
entendiendo que esto debe ser elaborado
entre los partidos que estuvieron por el
SI y luego el Frente Amplio podría
participar para ver en qué estaba
de acuerdo, en qué no estaba de
acuerdo y aportar alguna idea, lo cual
tiene la oposición tajante del
Nuevo Espacio, que no acepta este juego de
bloques, y el Partido Nacional que
finalmente también presiona hacia
un juego de la totalidad de los grupos
políticos.
Y el último episodio es la
suspensión del diputado Nicolini,
que tiene dos lecturas, la lectura que
hace esencialmente el Partido Nacional, de
que el diputado Nicolini
transgredió los límites de
la ética parlamentaria, que
llevó adelante una campaña
calumniosa contra el Partido Nacional, que
hizo denuncias de carácter
genérico, que no las probó y
que finalmente fraguó faxes para
pretender sostener estas denuncias. Esto
es globalmente lo que sostiene el Partido
Nacional.
Por otro lado el Frente Amplio lo que
sostiene es que el diputado Nicolini con o
sin errores -ahí hay matices dentro
del Frente Amplio- sostuvo una
campaña con una finalidad noble,
como era desterrar la corrupción,
que lo que molestó fueron todas las
denuncias que formuló, entre las
que está el apadrinamiento de las
denuncias penales de Teódilo Maciel
y que éste es un cobro de cuentas
por haber removido el tema de la
corrupción cuando no se toman
medidas contra legisladores que sí
fue comprobado que hicieron actos
administrativos que fueron cuestionados
oficialmente por la Cámara de
Diputados, como fue el caso del diputado
herrerista León Morelli. Esta es un
poco la visión del Frente
Amplio.
Lo cierto es que a partir de acá se
produce la suspensión del diputado
Nicolini y una muy fuerte
crispación del Frente Amplio con
ambos partidos tradicionales que votan la
suspensión de este diputado.
Estos son los hechos; estos hechos quedan
inmersos en un estilo político
uruguayo del que muy rápidamente
podemos decir que en grandes líneas
históricas, pero particularmente la
impronta muy fuerte a partir de la
democracia restaurada es el
consensualismo, la búsqueda de
consensualidad. En otros países
esto sería visto como un juego
político normal; en el caso
uruguayo es vista como una
crispación esta sucesión de
hechos, que tiene ritmos crecientes y
decrecientes. Por ejemplo en el primer
período de Sanguinetti la ley de
caducidad y particularmente la
expulsión del Senado del senador
Germán Araújo pueden marcar
uno de los momentos de picos más
crecientes de esa crispación y por
lo tanto el ritmo más bajo de
consensualidad, y luego se retoma, tiempo
después, una búsqueda de
consensualidad entre todos los partidos
políticos.
Tenemos que distinguir dos cosas. Una,
temas que en sí mismos dividen, que
puede puede haber una rispidez producto
del contenido del tema, la carga emocional
que tiene el tema, como fue en su momento
la ley de caducidad, como puede ser hoy
discutir el tema del destino de los
desaparecidos durante el régimen
militar. Y otra cosa es cuando la
crispación, los enfrentamientos son
producto, son efecto del juego de
relaciones políticas en sí
mismo, producto de la forma en que se
realiza la competencia de los partidos por
el poder en un juego que además
tiene la complejidad de ser triangular o
cuadrangular, es decir entre tres grandes
actores o cuatro actores en total, pero
que no es un juego simple entre tres o
cuatro, sino que a priori aparecen dos
grandes bloques con la coalición de
gobierno por un lado, el Frente Amplio con
una oposición clara por otro y el
Nuevo Espacio en una actitud en el medio,
oscilante; a veces aprisionado, a veces
tratando de separar ambos bloques.
Y así llegamos al presente, donde
se observa -para usar un término
común en economía- un
recalentamiento en las relaciones
políticas.
Nosotros señalamos en diciembre,
poco antes del plebiscito y a raíz
del comienzo de estas crispaciones con la
campaña plebiscitaria,
hacíamos referencia a un discurso
del general Seregni del año 72, en
que advertía sobre entrar en los
riesgos de la lógica de la guerra.
Se refería a la imparable
reacción en cadena de causas y
efectos recíprocos en
acontecimientos bélicos o
político-bélicos, en que
nadie puede avizorar el final, salvo uno
que nadie sale ganando, que el país
como tal pierde.
Y lo ubicábamos en términos
menos dramáticos con los efectos de
la lógica de la
polarización, que esta
lógica lleva a que luego, cuando se
explora hacia atrás cada uno puede
sostener que la causa empezó con
crispaciones generadas por la otra parte,
porque ya se van acumulando juegos de uno
y otro que hacen que cada uno sea causa y
efecto a su vez; uno ubica en una actitud
del contrario la causa de su propia
actitud crispada, de enfrentamiento, y
genera como efecto que el otro vea en esta
actitud la causa de su nueva
crispación. Es una especie de
espiral de violencia en el término
de violencias verbales, de enfrentamiento,
de salida de esa medianía y esa
consensualidad uruguaya.
Acá hay distintos cursos posibles
de acción. Esto puede seguir en
esta crispación, generando cada vez
más hechos o no, o puede tener en
determinado momento detenimientos,
detenciones y marchas atrás y
aflojamientos. Lo importante es que -y
éste puede ser un cambio en
relación a años atrás
cuando en el país se
producían otras crispaciones- la
percepción que tenemos de la
ciudadanía es que ésta
acompaña hasta determinado punto
los enfrentamientos en la medida en que
están representando animadversiones
o frustraciones sobre uno u otros temas o
hacia una u otra parte, pero que cuando el
sistema político general entra en
un enfrentamiento muy generalizado la
opinión pública tiende a
disociarse en sus enfrentamientos y a
considerar que el sistema político
en su conjunto empieza a no representar a
esa ciudadanía y a estar en un
juego de sí mismo, separado de los
problemas del país.
Estos indicios de crispación
política, entonces, pueden marcar o
el techo de la curva oscilante, el punto
máximo al que llega la temperatura
antes de comenzar el descenso, ese juego
de subas y bajas que se ve en las
gráficas, o también puede
ser una escala, un punto de
medición en un recalentamiento
peligrosamente continuo.
En las próximas semanas los pasos
que dé la dirigencia
política determinarán si se
está en lo uno o en lo otro.
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