El rol
del presidente del Directorio blanco
Oscar
A. Bottinelli
El tema de los cuestionamientos y del rol que
cumple Alberto Volonté puede ser analizado
desde dos puntos de vista. Uno es el puntual,
coyuntural, en el que unos pueden considerar que
los ataques a Volonté son producto de la
competencia política mientras que otros
pueden sostener que la propia actitud de
Volonté también es producto de esa
competencia política que se da entre tres,
cuatro o cinco figuras en el Partido Nacional en
torno a la candidatura presidencial. El otro
ángulo es un poco más profundo.
Detrás de estos cuestionamientos
-quizás en algunos casos de una forma
más inconsciente y en otros más
explícita- lo que está en
discusión al confrontarse puntos de vista
sobre qué debe hacer y qué tiene
prohibido el presidente del Directorio, en el fondo
se está discutiendo cuál es el papel,
la naturaleza de un partido político en el
Uruguay, de un partido tradicional o del Partido
Nacional en particular.
Un tema de discusión casi tan viejo
como el siglo en el Uruguay es qué es un
partido político. O, en una
definición más académica, a
qué categoría de agente
político se le llama partido, atendiendo a
que en nuestro país existen dos niveles, no
siempre claros: lo que electoralmente se expresa a
nivel de lemas como Partido Nacional, Partido
Colorado o Frente Amplio, y lo que se expresa a
nivel de fracción. En general, en la
historia del país y a nivel de partidos
tradicionales, las fracciones han cumplido mucho
los roles de un partido político, su
capacidad de decidir si integra un gobierno o no,
si se pasa a la oposición, qué nivel
de oposición realiza, qué cargos
ocupa, que candidaturas promueve, incluso
qué línea política lleva
adelante, con qué apoyos. Todas estas
definiciones han quedado centradas en los
fracciones y no en los partidos y se ha tendido a
ver a los partidos en su forma de operar,
más como una federación o un
entramado de relaciones de fracciones
políticas.
Vistos los partidos como una
federación de partidos políticos, el
rol del presidente puede ser más un rol de
moderador o de coordinador o de alguien que arbitra
entre las fracciones políticas, que busca
acuerdos, consensos y expresa los mismos. Desde el
ángulo de un partido político,
pensemos en partidos de tipo europeo, donde la
definición de la política, el decidir
si se va o no a integrar un gobierno o qué
tipo de oposición se realiza, lo hace el
partido como tal y esa definición la lleva
adelante todo el partido. El presidente es la
persona que lidera ese partido político, que
expresa la opinión de todo el partido, ya no
como producto de un consenso sino de una
decisión partidaria. Por supuesto que el
presidente no necesariamente va a expresar a todo
el partido sino a una mayoría, y va a haber
una minoría que puede estar permanentemente
en una línea de cuestionamiento. Acaba de
ocurrir, por ejemplo, con la socialdemocracia
alemana.
Vamos a ver los distintos roles que se han
dado en el Uruguay en los tres grandes
partidos.
El Partido Colorado tiene varias salvedades.
Primero que funcionó hasta 1982 como Partido
Colorado y Batllismo; recién desde el 83 hay
una carta orgánica y una autoridad de todo
el Partido Colorado. Antiguamente hubo una figura
de secretario del Comité Ejecutivo Nacional,
que no correspondía al equivalente a un
presidente o secretario general partidario. Esta
figura aparece en el año 83 con Sanguinetti.
En general hubo dos roles en la función,
pero se puede decir que tanto con Tarigo o
Fernández Faingold con Sanguinetti como
presidente, se intentó cumplir la
función de secretario general de un partido
europeo, una persona que conduce, que es el
líder partidario o el segundo que
actúa en nombre del líder partidario.
Esa es una función más compacta,
más de carácter administrativo, menos
de carácter político como en el
período en que estuvo en manos de la Lista
15 la Secretaría General del Comité
Ejecutivo Nacional.
En el caso del Frente Amplio, sobre todo en
el período de Seregni -el período de
Vázquez fue muy breve, no da lugar a sacar
conclusiones a largo plazo y desde entonces
está vacante, sustituido por un triunvirato
que le da otra definición-, la Presidencia
del Frente se asomó mucho a la visión
que parecen tener los sectores que cuestionan
cierta forma de conducción de
Volonté, que ven al presidente del partido
como una persona que está al margen de los
distintos sectores, que no lidera ninguno y cuya
función básica es ser el moderador
entre las fracciones, el que busca consensos,
dándole o no un tinte personal, impulsando o
no proyectos o ideas de carácter personal,
pero esencialmente un gran moderador que no compite
en la lucha sectorial.
En el Partido Nacional también es
difícil ver cómo se ha dado
históricamente, porque hasta buena parte del
siglo, por lo menos desde comienzos de los
años 30 hasta el año 70, no hubo
autoridades de todo el partido -aunque las que hubo
formalmente pudieran representarlo- sino que
siempre fueron autoridades de carácter
fraccional, por lo tanto la Presidencia del
Directorio coincidía necesariamente con la
Presidencia o conducción de un sector
político. Desde entonces, también se
complica porque ha habido prácticamente dos
grandes modelos, salvo en algún
período muy fugaz: o el modelo de
presidencias neutrales con directorios totalmente
neutrales, como el que llegó a la
elección del año 71, o una
presidencia que sin ser neutral no fuera de un
hombre de primera competencia política, como
fue el caso del doctor Rubio en la sucesión
de Wilson Ferreira en la Presidencia del
Directorio, o el otro modelo, el que ejerció
Wilson Ferreira y el que ejerce Alberto
Volonté, en que el presidente del Directorio
es un dirigente, un líder político
que está representando al pensamiento de por
lo menos la mayoría partidaria.
La diferencia entre Wilson y Volonté
es cuantitativa en el sentido de que el dominio que
Wilson tenía del partido excedía
largamente las dos terceras partes y
Volonté, con su sola fracción, no
está representando al 50% del partido sino a
un poco menos, sobre todo en la Convención;
sí tiene mayoría en el Directorio
partidario.
Tenemos que tener presente que hay una
discusión muy de fondo y que no es menor. Si
se concibe que el presidente del Directorio es un
líder sectorial y por serlo no debe
continuar en la Presidencia cuando vienen las
contiendas de competencia electoral, se está
entendiendo que esencialmente los partidos deben
ser preservados como una federación de
fracciones donde el centro de las decisiones y de
la actividad política queda reservado a las
fracciones y el partido es entonces un articulado
de fracciones. Si se piensa, por el contrario, que
lo que se busca es fortalecer a los partidos en
detrimento de las fracciones, que sean los partidos
quienes procesen y tomen las decisiones, lo
coherente y lo lógico es que el presidente o
secretario general del partido sea un líder
político que compite con otros
líderes que le están disputando la
conducción partidaria, pero no se concibe
que sea una persona neutral quien ejerza ese
liderazgo, porque ya no se habla de una mera
Presidencia sino de un liderazgo. Acaba de ocurrir
en Alemania que el líder
socialdemócrata continúa en el cargo
hasta que se ve sustituido por cambios en la
dinámica política.
En el fondo, lo que hay que ver es que
detrás de esto hay dos concepciones sobre
cuál es el rol de los partidos
políticos y que es muy importante, porque en
este ciclo electoral del 99-2000 y en el quinquenio
siguiente Uruguay va a ver con mucha fuerza la
definición de hacia dónde irán
sus partidos políticos, si va a acentuarse
el carácter de federación de partidos
o se va a acentuar el carácter de ser
partidos "per se".
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