La
evolución de la intención de voto al
25 de abril:
los blancos
Oscar
A.Bottinelli - diálogo con Emiliano
Cotelo
EMILIANO COTELO - Hoy teníamos
previsto continuar esta serie sobre cómo
evolucionó la intención de voto hacia
las elecciones primarias, o "internas", del 25 de
abril. Pero antes querías plantear otro
tema.
OSCAR A. BOTTINELLI - Sí, a
raíz de cartas de lectores e intervenciones
en medios de difusión que he leído y
escuchado en estos días. Hay una
confusión sobre las reglas de la
elección del 31 de octubre: hay gente que
cree que son las mismas que para el 25 de abril, y
que si el candidato presidencial más votado
tiene el 40% y 10 puntos de diferencia con el
segundo, ya es electo Presidente de la
República.
Entonces, aclaremos para corregir esa
confusión: la única forma de elegir
directamente al Presidente es que obtenga el apoyo
de más de la mitad del total de votantes,
incluyendo los votos en blanco y anulados.
Pero en estos días he leído y
escuchado una interpretación errónea
a través de los medios. Sobre todo, se
trasladaba el resultado del Partido Colorado, y
escuché decir que "con tres puntos
más el Partido Colorado ya no necesita ir al
balotaje". No: necesitaría 13 puntos
más.
EC - Ahora sí, hecha la
aclaración, venimos al tema de hoy.
OAB - Recordemos que en este ciclo hemos
visto las encuestas desde octubre hasta llegar a la
votación del 25 de abril, y ver las etapas
en cada una de las competencias. En los espacios
anteriores analizamos la competencia Batlle -
Hierro, luego Vázquez - Astori, y hoy vamos
a encarar una realidad un poco más
complicada que es la del Partido Nacional, porque
hubo diversos niveles de competencia.
Para empezar, el Partido Nacional tiene un
cambio sustancial en el arranque de la
campaña electoral: venía con tres
candidatos fuertes relativamente equilibrados
-Volonté, Lacalle y Ramírez- y cuando
se va a entrar en la campaña ese escenario
cambia abruptamente, se pasa a una
polarización entre Lacalle y Ramírez,
hay una caída de preferencia hacia
Volonté, y además se fractura el
grupo que respaldaba a Volonté y surge la
candidatura de Ramos. Es como si en el momento del
estreno de la obra cambiara el guión. Esa
fue una peculiaridad de la competencia del Partido
Nacional que quizá explique algunos
movimientos iniciales entre octubre, noviembre y
diciembre, que podrían tener que ver con un
partido que se está reacomodando a un nuevo
escenario.
Este nuevo escenario es distinto al anterior.
Primero, porque Ramírez parte de una
consolidación de su candidatura, producto
-entre otras cosas- de una sucesión de
alianzas políticas (primero con
Larrañaga entre marzo y mayo del año
pasado, luego con el Movimiento Nacional de Rocha,
de Carlos Julio Pereyra), que lo sitúan en
el punto de partida, una vez producida la ruptura
de Manos a la Obra con Propuesta Nacional y el
comienzo del desgaste de Volonté, en el
primer lugar de la competencia.
Por otro lado, Lacalle venía remando
desde posiciones extraordinariamente bajas:
recordemos que en diciembre de 1996 tenía el
11% de un Partido Nacional que a su vez
tenía el 20%: es decir que toda la
adhesión a Lacalle era el 3,3% del total del
país. Cuando llega el arranque de la
campaña, la adhesión a Lacalle ya
está situada un poquito por debajo del 30%
de un Partido Nacional que además ya
está bastante por encima del 20%, es decir
un doble aumento.
EC - ¿Qué etapas vemos en la
competencia de primer nivel, entre Lacalle y
Ramírez?
OAB - Vemos una primera etapa, noviembre -
diciembre de 1998, en la cual Ramírez,
habiendo partido de un nivel inicialmente alto,
más o menos se mantiene y cierra el
año cayendo; y un Lacalle que
continúa esa línea de paulatino
ascenso, uno diría que casi por goteo, que
había iniciado en setiembre después
de un pico muy bajo en agosto -en torno a los
sucesos de Cerro Largo- aunque no
interrumpió la larga línea: en
setiembre está igual que en julio.
Ese tenue ascenso lleva a que a fin de
año, entre el total del electorado,
prácticamente hay un empate con Lacalle un
punto por encima de Ramírez. Entre los
decididos a votar el 25 de abril, el empate ya se
había producido casi a fin de noviembre, y
al cerrar el año Lacalle estaba sacando una
ventaja de 10 puntos sobre Ramírez.
Esta es la primera etapa, con dos escenarios
muy distintos pero que marcó una constante
que tuvo la relación Lacalle -
Ramírez. Ramírez tenía mejor
chance cuanto más gente votara, y sin duda
su mejor oportunidad era una elección con
voto obligatorio. A fin de año se daban dos
resultados radicalmente distintos, según que
votaron sólo los voluntariamente decididos o
si lo hacían todos los habilitados.
EC - La segunda etapa es, entonces,
prácticamente el verano.
OAB - En enero y febrero tenemos una
situación que se mantiene, con un leve
despegue de Lacalle: en el conjunto del electorado
la relación va de 37 - 34 a 40 - 35. Se
puede decir que fue estable, más allá
de que en un momento pudieran subir y en otro
bajar, y el 21 de febrero habían vuelto a
empatar. Era más o menos que el escenario
anterior, con la diferencia de que ahora iba
Lacalle adelante seguido por
Ramírez.
EC - Y esas variaciones ¿se
correspondían con hechos políticos
notorios?
OAB - Se pueden asociar a algunos hechos,
pero completemos el cuadro para verlo en su
conjunto. En la tercera etapa es muy importante que
en marzo comienza un movimiento de ascenso de
Lacalle y descenso continuado de Ramírez,
muy pronunciado inmediatamente después de
Semana de Turismo. Y aquí hay un momento
interesante: el 13 de abril marca el punto
más alto de diferencia entre Lacalle y
Ramírez, y la semana siguiente, una antes de
las elecciones, esa diferencia ya había
caído enormemente: había caído
en siete puntos y siguió cayendo, si vemos
los resultados finales, otros tres puntos. El
resultado final corresponde exactamente al mismo
escenario que se daba el 7 de marzo: en esa
caída de los últimos 15 días,
Lacalle pierde toda la ventaja que había
acumulado entre el 7 de marzo y el 4 de
abril.
EC - Ahora sí vamos a ver en
qué medida se puede asociar con hechos
políticos esos cambios en la relación
entre los dos candidatos.
OAB - No estamos estableciendo linealmente
una relación de causa - efecto, sino
pautando algunos hechos que probablemente tengan
relación. Ramírez maneja todo el
primer tramo de la campaña electoral,
noviembre y diciembre, en dos niveles: el
más fuerte en los grandes medios de
comunicación es el que toma como eje
principal el tema de la honestidad y la lucha
contra la corrupción; y un segundo nivel
-que es el que predomina en las giras por el
interior o en las recorridas por barrios- es un
manejo programático con líneas muy
claras de oposición a los resultados del
gobierno de coalición, al papel cumplido por
el Partido Nacional en esa coalición,
diferenciándose cada vez más del
modelo sostenido por el actual gobierno y
-diría- también por el gobierno
anterior. Sin embargo, en los hechos
políticos, el tema honestidad -
corrupción es el que sigue
prevaleciendo.
En ese momento se nota también en las
encuestas que Ramírez (que tiene un muy alto
nivel de credibilidad y una muy buena imagen) tiene
facetas débiles en cuanto a dudas de la
gente respecto a la cantidad y calidad de
propuestas, y a la destreza en sus condiciones para
el ejercicio del gobierno. Es una persona a la que
se vio en un ministerio en una función muy
particular, que no tiene un liderazgo
político de larga data, y para buena parte
de la población aparecía como gran
interrogante la necesidad de mostrar que puede ser
un jefe de Estado.
El hecho que aparece hacia fin de año
y que puede haber impactado, es que todos los
sucesos que se desencadenan a partir de la famosa
casete de la conversación entre Rohr y
Ovalle, y que detona en la investigación
parlamentaria y finalmente la anulación de
la licitación para la terminal de
contenedores del Puerto de Montevideo, no favorece
a Ramírez. ¿Por qué no lo
favorece? La impresión es que, primero,
porque el tema corrupción se difumina
más allá de lo que estaba planteado
-como un tema de confrontación dentro del
Partido Nacional-, y en segundo lugar porque
Ramírez aparece otra vez demasiado
centralmente en un tema que se podía ver
como monotemático, y sin dar respuestas a
otro tipo de planteos.
Da la impresión de que esto se
prolonga hacia el verano, y en esto quiero
insistir. Mucha gente se pregunta cómo es
posible que las encuestas marquen cambios en el
verano o después de la Semana de Turismo. Se
asocia la mucha publicidad, la mucha campaña
electoral, los muchos actos, a los impactos que se
producen en la opinión pública. Pero
a veces los impactos se producen en el silencio y
no en el ruido: cuando la gente tiene tiempo de
decantar lo que recibió, y a su vez de
manejarlo horizontalmente, de intercambiar
opiniones con sus iguales con tiempo, con pausa,
fuera de lo cotidiano, se producen muchos
más impactos de opinión
pública que en medio del estruendo. Por eso
los silencios a veces producen más efectos
que la propia campaña electoral en su pleno
desarrollo.
EC - No en vano, en las 48 horas finales de
veda publicitaria, desaparecen los indefinidos y
los no contesta: terminan tomando una
decisión justamente en ese
período.
OAB - Algunos recordarán que nosotros
hicimos un análisis inmediatamente
después del plebiscito constitucional de
1996, y surgía la cantidad de gente que
recién tomó su decisión una
vez que terminó la campaña.
¿Qué ocurre en el verano? El
"ramirismo" no privilegia los planteos
programáticos, y la crisis del real, la
crisis de Brasil, en ese momento estaban
desplazando claramente la atención de temas
como la corrupción o la honestidad. En ese
momento, el cierre o no de fuentes de trabajo,
ventas, producción, mantenimiento o
pérdida de la ocupación eran mucho
más importantes que lo otro. Ramírez
toma estos temas quizá tardíamente,
porque recién en marzo se posiciona. Y es
curioso, porque si uno lee el discurso de
Ramírez y Larrañaga ve que la
protesta rural del 13 de abril coincidía
perfectamente con eso: si toda la campaña
electoral hubiera estado basada en ese tema y se
hubiera producido también la protesta rural
del 13 de abril, hubiera quedado como la
coronación de toda una postura
política que aparecía diferente a la
del Encuentro Progresista - Frente Amplio, por un
lado, sobre todo por el énfasis en lo rural,
y por otro lado diferente a la de todos los grupos
de la coalición de gobierno. Pero esta
sintonía prácticamente no fue vista
por el grueso de la población, porque
Ramírez quedó muy monotematizado en
el tema honestidad - corrupción.
Finalmente, al revés de lo que venimos
diciendo, lo que parece que sí generó
impacto fue la denuncia final, ya no cuando ataca
genéricamente al gobierno al anterior o al
elenco que rodeó al gobierno, sino
directamente a la cabeza de su oponente.
EC - El planteo de Ramírez el viernes
16 de abril, en el programa Agenda Confidencial de
Canal 12.
OAB - Exacto: cuando hace un ataque directo,
personal a Lacalle, y da la impresión de que
esto genera un efecto muy fuerte en contra del
actual candidato presidencial del Partido Nacional,
y que lo retrae en la encuesta. También es
verdad que todo este clima de confrontación
(y no me refiero a la actitud de ninguno de los
precandidatos en particular) fue generando en las
últimas semanas un fuerte impacto contra
todo el Partido Nacional. Fue llevando a que el
partido fuera una opción cada vez menos
atractiva, y que registre una caída no
sólo en la votación recogida, sino en
las preferencias globales de la ciudadanía:
el Partido Nacional que llegó a estar cerca
del 30% en enero, febrero, principios de marzo, y a
fines de abril sólo el 23% de los uruguayos
estaban dispuestos a votar al Partido Nacional en
una elección de voto obligatorio. Es decir
que toda esta conflictividad le creó
problemas de lejanía.
EC - Para completar este análisis nos
queda la evolución de la competencia
Volonté - Ramos.
OAB - A diferencia del Partido Colorado, en
el resultado final fue muy importante la existencia
de otros actores. En el Partido Colorado, los otros
actores -con un nivel mínimo de
significación electoral- no pesaban sobre el
resultado. En el Partido Nacional, Lacalle no llega
al 50% sino (habrá que esperar el escrutinio
definitivo) con 15 o 16 puntos sobre
Ramírez.
Si en algún momento se hubiera
producido con cualquiera de los otros dos ese
proceso de agregación que le dio un gran
éxito a Ramírez (primero con
Larrañaga, después con Pereyra), el
Partido Nacional hoy tendría la candidatura
en la Convención. Es decir que la
permanencia de un escenario de cuatro fue lo que
permitió este resultado. Ese es un dato muy
fuerte para la forma en que se jugó la
situación en el Partido Nacional.
Lo segundo, en cuanto a Volonté.
Recordemos que venía sostenidamente, por
años, entre el 28 y el 32%. Se producen por
un lado una ruptura y por otro una caída de
opinión pública, que lo dejan al
comienzo de la campaña en el 18 o 19%,
según tomemos los decididos a votar o todo
el electorado real.
EC - Pero cuando rompen Propuesta Nacional y
Manos a la Obra, dando lugar a la candidatura de
Alvaro Ramos, ¿cómo estaba
Volonté en el ranking blanco?
OAB - Volonté había cerrado
agosto en el primer lugar, pero inmediatamente
tiene una caía del 28% o 30%, no recuerdo en
este momento, al 21%. Por eso decía que hay
dos fenómenos distintos: hay una
caída de Volonté, que es
autónoma, y además una ruptura. Al
perder el apoyo de Ramos, la caída es
más fuerte: Volonté aparece en un
18-19% y sigue cayendo, hasta llegar a cifras del 8
al 11% entre la segunda mitad de febrero y la
segunda mitad de marzo.
Al terminar marzo se insinúa un
repunte de Volonté, que no cuaja
(exactamente, para el 21 de marzo no cuaja) y se
mantiene la caída hasta llegar al piso en
que estuvo estable en las últimas semanas, y
que fue el que recogió en la
votación. Uno diría que este piso
corresponde a dos cosas: por un lado a lo que le
quedó de estructura (Yamandú Castro -
Walter Santoro en Canelones, Arturo Heber en
Florida
) pero también con una
dificultad porque hubo muchos lugares en que la
votación de quienes apoyaban a
Volonté en la hoja departamental -lo que
sería la precandidatura a la Intendencia-
fue mucho más fuerte que la votación
a la hoja nacional encabezada por Volonté:
hubo voto cruzado en su contra, o a favor de gente
volonteísta en el plano
departamental.
En cuanto a Propuesta Nacional y Ramos, creo
que el análisis se reduce a esta frase: es
una candidatura que entra muy tardíamente en
el escenario, que había muchos elementos de
opinión pública que determinaban que
tenía potencialidad (y que la hubiera tenido
seis meses o un año antes), pero que no
logró cuajar en el escenario, no
logró posicionarse, y prácticamente
con muy pocas oscilaciones se mantuvo en el mismo
nivel a lo largo de todo el período.
Empezó con un 7 - 8%, lo mantuvo aunque con
un bajó importante a lo largo del verano, se
recupera en marzo, pero luego está siempre
en 6, 7, 8%. Se diría que no se movió
de un mismo nivel, que se diría que
corresponde al núcleo duro de los que siguen
a Propuesta Nacional y veían bien la
candidatura de Ramos, pero independientemente de su
potencialidad o la de Propuesta Nacional no
logró captar más allá de eso,
en un escenario que estaba demasiado cerrado y
demasiado competitivo.
Por otro lado, tampoco jugó un papel
decisorio volcando su fuerza en algún
acuerdo que inclinara la balanza hacia uno u otro
lado. Entonces, la incertidumbre final que
creó esta competencia de segundo nivel es
que, después de haber empezado muy
distantes, Volonté y Ramos quedaron muy
cerca, y el tercer lugar se definió a favor
de Volonté por algo más que un
empate, por algo más que "por penales".
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