El prestigio
del Parlamento
Análisis
del politólogo Oscar A.
Bottinelli.
EMILIANO COTELO:
El Parlamento es una institución
asociada al concepto de democracia; también
es la imagen de los partidos políticos en
funcionamiento, con sus virtudes y sus defectos.
Para muchos, el Parlamento es también la
imagen de largas sesiones, de discursos
prolongados, de escasa ejecutividad. Desde hace
más de una década, la
ciudadanía uruguaya tiene una imagen
negativa de la institución
parlamentaria.
A partir de estos antecedentes, Oscar A.
Bottinelli nos propone como tema de su
análisis político de hoy: "El
prestigio del Parlamento".
OSCAR A. BOTTINELLI:
Unido a esta introducción, recordemos que el
golpe de Estado del 27 de junio de 1973 fue el acto
formal en que se disolvió el
Parlamento.
EC - ¿Por qué lo dices?
OAB - Porque tú decías que es
una institución asociada al concepto de
democracia. Su funcionamiento se asocia a la
democracia y cuando se disuelve el Parlamento por
medios no previstos en la Constitución se
produce un golpe de Estado. Quienes se
sentían desconformes con el funcionamiento
de la democracia uruguaya -estoy hablando de los
años previos al 70 o los primeros de los 70-
también hablaban de la necesidad de disolver
el Parlamento, ya fuera quienes propiciaban un
golpe de Estado o quienes consideraban que la que
teníamos era una democracia limitada, no
completa, que debía sustituirse por
métodos revolucionarios. El Parlamento
quedaba como símbolo del sistema de
democracia liberal o democracia política,
como se la denomina.
Para analizar el Parlamento de hoy, veamos un
poco el anterior al golpe de Estado, a la
interrupción institucional. Ese Parlamento
cumplía una función muy fuerte de ser
el centro de generación de la
información política, no tanto de
noticias de ambulatorio (el ambulatorio es el gran
pasillo semicircular que rodea a cada una de las
cámaras) sino noticias de sala, del propio
funcionamiento legislativo. La noticia era lo que
se decía en el debate parlamentario.
Hay dos cosas a marcar. Una, que en general
se veía al Parlamento -habría que
estudiar cuánto es real y cuánto es
imagen; tenemos la percepción de que algo de
real hay- con más juego en cambiar
políticas que actualmente. Sobre todo en lo
que tiene que ver con el proceso legislativo, era
muy fuerte lo que se elaboraba en el Parlamento.
Recordemos que el Plan Nacional de Viviendas es de
origen parlamentario, por ejemplo. Las leyes de
alquileres que durante varias décadas
regularon -para bien o para mal- el sistema de
vivienda en régimen de no propiedad tuvieron
también una fuerte impronta parlamentaria.
La segunda cosa a marcar es que hasta la
reforma constitucional de 1966, que
estableció dos limitaciones importantes, el
presupuesto por programa, que cambió la
modalidad de elaboración y aprobación
del presupuesto en relación a los conocidos
presupuestos por planilla, y la restricción
de iniciativas legislativas, aumentan las
iniciativas patrimonio del Poder Ejecutivo.
Estas dos cosas amortiguaron un poco el peso
del Parlamento. Anteriormente era mucho mayor, uno
diría que el presupuesto se hacía y
deshacía en el Parlamento. Aún
así, en el período siguiente su peso
fue muy fuerte y, como contrapartida, fue el centro
de demandas. El Parlamento fue un lugar
permanentemente lleno de gente que individual o
colectivamente concurría a expresar sus
demandas o a ver los debates parlamentarios. Sin
duda era una sociedad que le daba importancia a lo
verbal, a lo oratorio, al debate, a lo que podemos
llamar los torneos oratorios. Los grandes
parlamentarios eran visualizados como los que eran
capaces de hacer grandes discursos y sostener
grandes polémicas. Hoy quizás ese
tipo de destaque parlamentario no sea visto como
una virtud en relación a otros elementos
como el manejo político, la
negociación política o la capacidad
de incidir en la redacción de leyes y a
veces la capacidad de incidir
extraparlamentariamente en acuerdos
políticos de las fuerzas
políticas.
EC - Tú marcas que aquel Parlamento
incidía mucho más pese a que
destinaba tiempo importante a torneos
oratorios.
OAB - Quizás las dos cosas fueran de
la mano en una sociedad que gustaba de torneos
oratorios pero que también daba mucha
posibilidad de decidir al Parlamento. Si analizamos
los años 50 o 60 -antes y después de
la reforma- y luego el período en que
(Jorge) Pacheco Areco gobernó casi
permanentemente con medidas prontas de seguridad,
sin duda vamos a ver que hay un proceso continuo de
pérdida de peso político del
Parlamento y de concentración de ese peso
político en el Poder Ejecutivo.
Además, el hecho de salir de un
régimen colegiado a uno presidencial
también supuso, más allá de
las atribuciones formales que le dio la
Constitución, un mayor peso para el Poder
Ejecutivo, que pasó a estar personalizado en
figuras que eran fuertes -o, al menos, vistas como
tales-, lo que ayudó a la
concentración del poder frente a la
dispersión del mismo en el
Parlamento.
Es importante marcar algunos puntos. El
Parlamento funcionaba muchísimas veces a
barras llenas. Las galerías, las tribunas se
llenaban de gente, a veces -o quizás muchas
veces- no con la finalidad de oír sino de
presionar. Era un Parlamento de puertas abiertas,
que comprendía sólo el Palacio
Legislativo, no tenía edificios anexos, y
del mismo entraba y salía la gente como
Perico por su casa. No existían esas
formidables barreras levantadas en los
últimos años que parecen querer que
la poca gente que va no vaya. Es una cosa un poco
insólita: en un momento en que el Parlamento
necesita abrirse, las presidencias de las
Cámaras han puesto obstáculos a que
la gente vaya o, al menos, han hecho desagradable
ir al Parlamento.
Otro aspecto era la información
parlamentaria. Hoy es muy difícil informarse
de lo que ocurre en el Parlamento a través
de los medios de comunicación. Uno se
informa de noticias políticas, de hechos
políticos que a veces surgen en el
Parlamento como lugar físico pero que
podrían ocurrir físicamente en
cualquier lugar. No es la institución
parlamentaria la que genera la información,
sino parlamentarios en su calidad de dirigentes
políticos. La sesión de las
comisiones, los proyectos de ley en danza, las
discusiones en las Cámaras solamente en
casos excepcionales -una ley de urgencia, el
presupuesto- son objeto de seguimiento. Normalmente
se sigue las discusiones de comisiones
investigadoras o comisiones que sin serlo
están discutiendo alguna
investigación. Es decir, o bien lo
"macro-macro" o bien lo que tiene
connotación de ataque y juego
político.
EC - También las interpelaciones son
objeto de seguimiento.
OAB - Las interpelaciones, que además
no son tantas. El instituto de la
interpelación ha decaído mucho desde
1968 en adelante en Uruguay. No digo que esto haya
sucedido para bien o para mal, digo que esto ha
sido así. Sobre todo decayó a partir
de 1985, cuando cambió la
interpretación política de la
interpelación. Antes, una declaración
de desaprobación de una de las
Cámaras, si bien no surtía efecto
jurídico llevaba inexorablemente a la
renuncia del ministro. Desde 1985, ningún
ministro ha renunciado por haber sido desaprobado
por una Cámara. Esto también ha
cambiado el peso político del
Parlamento.
Finalmente, queremos hacer una
valoración. No hay estudios que puedan medir
con exactitud la opinión pública en
relación al Parlamento de los años
60. Creemos que ese prestigio no fue
homogéneo en la sociedad -como tampoco lo
fue el desprestigio que fue ganando en aquella
época-, sino que quizás sectores de
izquierda no extrema veían mayor prestigio
en el Parlamento, lo veían como un lugar de
críticas y demandas, mientras que otros
sectores -sobre todo los que se podría
calificar como más de derecha- tenían
un mayor descrédito de esos torneos
oratorios y de esa función. Quizá la
izquierda veía allí una gran tribuna
en la cual expresarse; quizás en esas
concurrencias y demandas había un mayor peso
de la izquierda que de otros sectores de la
sociedad.
*************
EC - ¿Cuáles son los cambios
más importantes que ha tenido el Parlamento?
¿Cómo se diferencia este Parlamento de
hoy de aquel del que tú estabas hablando,
previo a la dictadura?
OAB - En primer lugar, la sociedad ha
cambiado, y no sólo la uruguaya. En ese
cambio de sociedad ha habido una mayor
valoración de lo práctico, de lo
inmediato, de lo tangible, en relación a los
grandes proyectos, los grandes imaginarios. Si
recordamos la campaña electoral de 1971, la
propuesta de cada uno era diseñar todo un
modelo ideal de país. Ahora se discute a
cuántos alcanza un Impuesto a la Renta o
cuánto cuesta el acuerdo entre dos partidos
políticos y cuánto es factible
realizar. Es un mundo que ha cambiado y una
sociedad que ha cambiado. Y este cambio -que
también está relacionado con lo
tecnológico y lo humanístico- tiene
que ver con que esos grandes debates de ideas y
esos grandes debates políticos hayan perdido
peso para la sociedad en relación al que
tenían antes. No se ve que ganar un debate
sea un resultado político en sí mismo
apreciado por toda la sociedad como un
logro.
EC - Más allá de que cabe
preguntarse si tenemos figuras políticas
capaces de desarrollar aquellos debates previos al
golpe de Estado.
OAB - Es muy difícil saberlo, porque
las figuras políticas se desarrollan en un
contexto determinado y a partir de determinadas
demandas de una sociedad. La sociedad que demandaba
grandes oradores y polemistas como Wilson Ferreira
Aldunate, Zelmar Michelini, Eduardo Víctor
Haedo, Salvador Ferrer Serra o Duvimioso Terra, hoy
demanda otra cosa: en general, está
demandando ejecutivos. La función de
intendente ha tenido una valoración que no
tenía hace 40 años, en desmedro de la
función parlamentaria. El dato más
importante al respecto es que anteayer renunciaron
un diputado -Carmelo Vidalín- y tres
senadores -Juan Chiruchi, Mario Carminatti y
(Eduardo) Malaquina- y Carlos Moreira -de Colonia-
no aceptó entrar al Senado en lugar de
Chiruchi, con lo cual hay cinco figuras que
prefieren ser intendentes de Durazno, de San
José, de Río Negro, de Salto y de
Colonia, en lugar de ser diputados o senadores.
Esto está marcando la diferencia de
percepción de importancia de las funciones.
Muchas veces vemos que hay legisladores que
se sienten más realizados -sobre todo
después de muchos años- obteniendo
resultados concretos y tangibles desde un cargo
ejecutivo.
Desde 1985 se instauraron los acuerdos
políticos a nivel de cúpulas entre
dirigentes que no integran el Parlamento. Esta es
otra variante: en el período previo al golpe
de Estado casi todos los líderes
políticos integraban el Parlamento, entonces
la distinción entre debate político y
debate parlamentario, entre negociación
política y negociación parlamentaria
casi no existía. Si analizamos este
período, ni Líber Seregni en su
liderazgo ni luego Tabaré Vázquez
integraron el Parlamento. Julio María
Sanguinetti no ha integrado el Parlamento desde la
restauración institucional. Luis Alberto
Lacalle tampoco lo integró después de
ser presidente de la República. Jorge Batlle
lo integró en dos períodos, pero no
se postuló al Parlamento en las elecciones
en que fue candidato presidencial con posibilidades
de éxito -en 1989, cuando perdió, y
en la última, cuando ganó-, es decir
que si perdía -como ocurrió en 1989-
ejercía su liderazgo desde fuera del
Parlamento.
Estamos observando que los líderes
políticos de los partidos grandes no se
están sentando en el Parlamento y que
incluso no se postulan a integrarlo. Fue
explícito el hecho de que la
postulación de Julio María
Sanguinetti encabezando la lista al Senado
tenía una función estrictamente
electoral. El caso de Lacalle fue distinto,
éste mencionó hipótesis de los
casos en los cuales él se podría
sentar en el Senado: en un rol fuertemente opositor
en el caso de una Presidencia de Tabaré
Vázquez, no en el caso actual, con Jorge
Batlle ocupando la Presidencia de la
República. Las reuniones de cúpula,
los acuerdos interpartidarios, las negociaciones,
transcurren en ámbitos físicos ajenos
al Parlamento.
EC - Quizás eso tenga que ver con que
después de la dictadura se terminó
generando en Uruguay -y también en muchos
países del mundo- una especie de Parlamento
"virtual" sostenido por los medios de
comunicación. Esos líderes
políticos que han preferido no integrar el
Parlamento saben que de todos modos tienen otra
tribuna a través de la cual expresarse y
llegar a la población cuando tienen que
hacer pronunciamientos o declaraciones importantes.
Antes la tribuna era el Parlamento, ahora existe
una alternativa.
OAB - Antes, los medios iban al Parlamento a
buscar la información; ahora, los
parlamentarios van a los medios a expresar su
posición.
EC - En este caso, los parlamentarios y los
no parlamentarios.
OAB - Veamos un ejemplo típico. Hace
poco, 15 o 20 días, el Encuentro
Progresista-Frente Amplio emitió una muy
dura declaración contra el presidente del
Parlamento -el vicepresidente de la
República- y el ministro del Interior, cargo
este último que tiene responsabilidad
parlamentaria, los ministros son responsables ante
el Parlamento. Esa declaración del Frente
Amplio se hizo en conferencia de prensa; 30
años atrás ese partido u otro
habría hecho esa declaración en una u
otra Cámara, como acto parlamentario. Esto
está marcando no que eludió el debate
-como señaló alguna crítica-,
sino una realidad: para darle la trascendencia que
le quiso dar, para enmarcarla como la quiso
enmarcar, crear un escenario en los medios de
comunicación era señalar que lo que
se estaba diciendo se quería decir de manera
muy fuerte y muy importante.
EC - Permanentemente hay conferencias de
prensa en el Parlamento de organismos de los
partidos o de sectores de los mismos.
Parecería que se busca aprovechar la
presencia de periodistas, sobre todo de
cámaras de televisión -que sí
están en el Parlamento- para hacer una
declaración, un pronunciamiento o marcar una
determinada estrategia.
OAB - Algún chiste dice que algunos
legisladores son muy buenos parlamentarios de
ambulatorio, es decir que con poco trabajo en
comisión o en la discusión
parlamentaria tienen una gran habilidad para estar
permanentemente en los pasillos, junto a los
periodistas, haciendo declaraciones, saliendo en
cámaras. En definitiva, lo que ve la gente
es eso. Si analizamos, por ejemplo, a través
del cable, los parlamentos de España,
Galicia o Gran Bretaña, vemos cómo
estos tienen una función más central,
el gobierno va allí a hacer declaraciones. A
veces, en lugar de hacer una conferencia de prensa,
(José) Aznar, Tony Blair o (Manuel) Fraga
Iribarne van al Parlamento a hacer una
declaración, en el ámbito
parlamentario. El debate español de todos
los años sobre el informe del gobierno es
una de las piezas políticas más
importantes que se pueden producir. Quizás
no ocurra lo mismo en la televisión italiana
-al menos en la que observamos desde aquí-,
allí vemos que la declaración de
ambulatorio pesa sobre la transmisión del
debate televisivo. Por el contrario, a
través de Internet, del sitio llamado "La
Buvette", podemos seguir diariamente el
funcionamiento del Parlamento italiano,
comisión por comisión, proyecto de
ley por proyecto de ley, los que se presentan
día por día, el funcionamiento del
Consejo de Ministros, los mensajes enviados; toda
la información que aquí está
en los llamados repartidos del Parlamento
está allí diariamente en Internet.
Tímidamente, la Cámara de Diputados
inició un proceso similar, que
todavía está muy lejos, le falta
mucho, pero ya es un paso opuesto al paso
atrás que significó la
desaparición de la dirección habitual
del sitio de consulta de leyes. Ese cambio de
dirección lleva a que la mayoría de
los links hacia la consulta de leyes en Uruguay
dé como resultado "not found" (no
encontrado); se produjo un proceso que aisló
un poco al Parlamento.
EC - Esa tendencia a desarrollar la
información del Parlamento en Internet
quizás esté llevando a generar las
barras del siglo XXI, las "barras virtuales". El
Parlamento está trabajando en esa
dirección, seguramente buscando acercarse al
modelo italiano que tú mencionas.
OAB - Sí, sobre todo la Cámara
de Diputados. No olvidemos que todavía hay
un salto tecnológico muy grande entre la
barra virtual de Internet y la comunicación
general. Es probable que aquí haya alguna
gente que accede con asiduidad a la
información del Parlamento italiano frente
al desconocimiento que quizás tengan
más de las tres cuartas partes de los
propios residentes en Italia. El sitio en Internet
todavía es un medio bastante elitista en
relación a la información que se
requiere de un Parlamento.
EC - Sigue faltando la transmisión en
directo de las sesiones por televisión, cosa
que hoy podría hacerse perfectamente con los
sistemas de televisión cable, por
ejemplo.
OAB - Eso está faltando. Uno puede ver
por lo menos una vez al año el gran debate
en España, el debate de Galicia o todos los
miércoles las interpelaciones, una hora de
preguntas en la Cámara de los
Comunes.
EC - Estábamos viendo cómo ha
cambiado el Parlamento en relación al que
analizábamos al comienzo, el previo a la
dictadura.
OAB - Hicimos mucho hincapié en el
tema de la información. Estamos manejando el
elemento externo visualización del
Parlamento. Hemos hecho hincapié en este
aspecto, entre otras cosas porque la gente puede
tener distintos juicios sobre lo que hacen el
Parlamento y los legisladores, pero el problema es
que para emitir los juicios uno de los elementos
que falta es que la gente esté informada de
lo que hacen. Hace un tiempo tomé un taxi,
pasamos frente al Parlamento de noche, estaban las
luces encendidas y el comentario del taximetrista
fue: "Mire, parece que esta vez están
trabajando". Esto refleja una actitud que puede ser
una crítica, una expresión de que se
percibe que lo que hacen el Parlamento, el gobierno
o el sistema político termina no siendo
eficaz, o no satisface las demandas o las
expectativas individuales o sociales, pero
traducirlo a un Parlamento que no trabaja parece
una falta de información muy grande.
Si el Parlamento hace algo -por supuesto no
todos los 99 diputados ni los 31 miembros de la
Cámara de Senadores, de repente no es ni la
mitad- es un trabajo extraordinariamente intenso.
En ambas Cámaras sumadas funcionan
más de 40 comisiones entre permanentes,
especiales e investigadoras. Esas comisiones se
reúnen prácticamente todas las
semanas, por lo menos en el período de
funcionamiento ordinario, del 1º al 18 de cada
mes. El trabajo de sala, de reuniones
también bastante extensas, no es el
más importante; el más importante es
el trabajo silencioso de comisión. Se
presenta una cantidad de proyectos de ley, de
pedidos de informes; se redacta informes del
trabajo de comisión, de estudios realizados.
Estudian leyes, denuncias, antecedentes que se
vuelcan en propuestas; se debate artículo
por artículo, redacción por
redacción, lo que no es un mero ejercicio
lingüístico y gramatical sino un
ejercicio político en sentido amplio, de
políticas que se va a ejecutar. Esto es una
faceta del Parlamento, realmente muy desconocida
por el grueso de la gente. Como analista, muchas
veces me cuesta seguir la información
parlamentaria y estoy permanentemente demandado
detalles. No es fácil acceder a una
información emanada del propio Parlamento;
los medios de comunicación no la publican y
el Parlamento tampoco.
EC - Pero si bien parecería claro que
la crónica parlamentaria en la prensa y los
medios electrónicos hoy es insatisfactoria e
insuficiente, el Parlamento tiene la posibilidad de
cubrir ese déficit. Con la herramienta
Internet -claro, para un público
todavía segmentado- podría estar
suministrando todos los datos de lo que hace y con
la transmisión en directo de las sesiones
por algún sistema de cable -incluso con la
transmisión en directo en video por
Internet- podría estar llegando a un
público un poco más amplio.
OAB - Y podría elaborar informativos
-si los medios no van al Parlamento, que
éste vaya a los medios- de los proyectos de
ley presentados, espacios a distribuir en todas las
radios del interior. Hay una información muy
rica departamento por departamento.
También hay que ver qué
percepción tiene la gente de la
función del parlamentario. No es lo mismo lo
que pasa en Montevideo que en el interior. En el
interior -básicamente del diputado del
interior y de los senadores que han sido diputados
o son dirigentes políticos departamentales,
a los que a veces se les asigna la misma
función- la gente demanda más que el
parlamentario sea un embajador de las demandas del
departamento que un parlamentario o un legislador
como tal. Nosotros incluso lo preguntamos de
distintas formas y vimos que en la
valoración de si un diputado es bueno o malo
se valora más su relación con la
ciudadanía del departamento que lo que haga
en el Palacio Legislativo, y que se relaciona la
eficacia a la gestión de demandas. Cuando
hablamos de demandas no nos referimos solamente a
clientelismo; puede ser un planteo de los
productores de trigo de un departamento del
litoral, un problema de los lecheros en la cuenca
lechera o un problema del comercio o la industria
de un departamento.
No se debe asociar el hecho de que un
diputado haga gestiones a que esté haciendo
clientelismo para beneficiar a una persona. Hay
trámites individuales demandados a diputados
no solamente como clientelismo sino como necesidad
de acercamiento a un Estado que, a pesar de que se
ha descentralizado mucho, todavía
está bastante centralizado para quien vive
en el interior. Puede tratarse de demandas
colectivas; muchas veces la función del
diputado es agotadora en cuanto a recorrer
ministerios, oficinas, entes autónomos,
llevando uno por uno los requerimientos de su
departamento o de sectores o localidades del mismo.
Esto hace que a veces el diputado del interior
sienta su función menos estéril que
el diputado montevideano, sienta que está
produciendo una función real. La
contrapartida es que, si ese diputado desequilibra
la balanza en una excesiva función
parlamentaria o legislativa, la propia
población no lo comprenda, frase que hemos
recogido en algunas encuestas: "Se pasa en
Montevideo en el Palacio; no recorre el
departamento". Quizás tendría que
equilibrar las funciones, pero es poco valorado
estar en un funcionamiento parlamentario
legislativo, hay una valoración mayor de su
calidad de embajador del departamento.
Esto hace que el prestigio del Parlamento
esté asociado a muchas cosas que no
necesariamente tienen que ver con la función
propiamente parlamentaria o legislativa, sino que
tienen que ver con problemas de información,
con el imaginario de dónde se deciden las
cosas y dónde no, con qué se le pide
y demanda a un parlamentario y qué es lo que
la gente entiende que realizó o no. Y
finalmente una conclusión mucho más
abarcativa: el Parlamento es una institución
de intermediación social por excelencia,
más allá de las funciones
jurídicas. Para mucha gente el Parlamento es
casi un sinónimo de partido político,
la institución partido político y la
institución Parlamento son casi
sinónimas, y estamos viviendo un
período en toda la sociedad occidental en
que las instituciones de intermediación en
general están bastante decaídas,
cuestionadas en sus roles, pero tampoco han sido
sustituidas.
Las funciones de representación de lo
colectivo no tienen el papel central que tuvieron
30 años atrás y también el
Parlamento queda afectado por esos cambios del
papel de todas las instituciones de
intermediación y representación
social.
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