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Elecciones argentinas:
la incertidumbre no se despeja
Entrevista
con el
politólogo Oscar A. Bottinelli.
JOSÉ PEDRO DÍAZ:
El domingo, Argentina concurrió a elecciones, que tuvieron
como protagonistas al llamado "voto bronca", la alta
abstención y la buena votación del Partido Justicialista (PJ).
Y el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos
propone para hoy el tema que ha titulado "Elecciones
argentinas: la incertidumbre no se despeja".
OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero algunas puntualizaciones para entender la elección. La
primera es que el Parlamento en Argentina se renueva
parcialmente: esta vez se renovó la mitad de la Cámara de
Diputados, por lo tanto la composición de la misma corresponde
en parte a la elección de este domingo y en parte a la de dos
años atrás. Excepcionalmente, el Senado se renovó en su
totalidad pero luego lo hará por tercios.
Segundo, no hay una elección nacional sino 24 elecciones
separadas, una por distrito. Es decir una en cada una de las
23 provincias y una en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA),
la Capital Federal.
Tercero, cada provincia elige tres senadores. Esto es
importante a la hora de integrar el Senado, porque tanto la
provincia de Buenos Aires como la despoblada Tierra del Fuego
eligen tres senadores. La forma de obtener estos tres
senadores tampoco es proporcional: el que logra más votos en
el distrito obtiene dos, y el segundo en votos obtiene el
tercer senador. A su vez, por primera vez, uno de estos
senadores -normalmente el segundo- tiene necesariamente que
ser mujer. Es decir que este Senado que se eligió el domingo
tiene un tercio de mujeres
JPD - Esta es la primera vez que se aplica el cupo para
mujeres, ¿no?
OAB - En la Cámara de Senadores sí; en la Diputados ya se
había aplicado y deben ser un 30% de las candidaturas, lo cual
no asegura que haya un 30% de mujeres. En este caso sí, porque
se elige a tres y una tiene que ser mujer.
Pero tengamos en cuenta que, como se elige a tres senadores
por distrito, no hay proporcionalidad. Si la hubiese habido en
Capital Federal no hubiera habido dos de la Alianza y uno de
la Alianza para una República de Iguales (ARI), el socialista
Alfredo Bravo, sino que hubiese salido Rodolfo Terragno
(Alianza), Alfredo Bravo (socialista, ARI) y Gustavo Beliz
(justicialista, independiente de Nuevo País). Es decir que
esto también determina que por el hecho de ganar se lleva dos
senadores, sin que ello quiera decir haber duplicado a los
otros, ni haber obtenido la mitad de los votos. El resultado
en la integración del Senado no tiene que ver tanto con la
proporción de votos: la mayoría se obtiene si se logra la
mayor cantidad de provincias. Se puede tener menor cantidad de
votos y mayor cantidad de provincias, o se tiene mayoría en el
Senado: ya ha sucedido.
JPD - Esto ocurre en el Senado, pero en Diputados es
proporcional.
OAB - En Diputados la elección es proporcional, pero con
ciertas imperfecciones. La proporcionalidad no se aplica a
todo el país, como en el caso uruguayo -cada partido obtiene
la cantidad de bancas correspondiente a la proporción de votos
que sacó en todo el país-, sino distrito por distrito,
provincia por provincia. Entonces, si se elige a 13 diputados,
hay que estar más o menos en el 8% de los votos para tener una
banca; pero si se elige a tres, como pasa en algún lado, en
ese distrito hay que estar encima del 30%. Los partidos chicos
que tienen el electorado repartido en todo el país pueden no
llegar al Parlamento y, a la inversa, un pequeño partido con
los votos concentrados en un distrito -la izquierda en Capital
Federal y algunos partidos provinciales como el de Corrientes
y el Movimiento Popular Neuquino en Neuquen- obtienen
representación parlamentaria porque exclusivamente en ese
lugar logran la cantidad suficiente de votos.
JPD - Estas precisiones parecen imprescindibles para entender
las elecciones en Argentina, pero también hay algunas
consideraciones funcionales: es distinto el funcionamiento del
sistema argentino del uruguayo.
OAB - Sí, las diferencias son desde el punto de vista
institucional y de cultura política. Uruguay es un país
bastante parlamentarista, mientras Argentina es fuertemente
presidencialista. En Uruguay es muy difícil gobernar sin
mayorías parlamentarias (por lo menos gobernar normalmente,
sin recurrir a institutos extraordinarios), y la cultura
política uruguaya reclama acuerdos, mayorías: no ve tan bien
que el presidente haga lo que le parezca teniendo una gran
mayoría partidaria o política en contra. En Argentina, en
cambio, existe la convicción de que es el presidente quien
debe gobernar, mientras que el Congreso -ni siquiera se llama
Parlamento sino Congreso- debe dedicarse exclusivamente a
legislar. El presidente es quien marca la política económica,
puede oír o no lo que dice la gente, el resultado de una
elección, pero no necesariamente porque haya ganado o perdido
la mayoría parlamentaria. Incluso hay un dato: los ministros
no necesitan mayoría parlamentaria: el presidente los nombra y
destituye por sí mismo.
JPD - Aparentemente, los resultados de la elección son
bastante contundentes, sin embargo interpretarlos resulta una
tarea bien compleja.
OAB - Sí. Esta fue una elección muy atípica. Recordemos que,
al haber 24 elecciones, los partidos se pueden denominar
distinto provincia por provincia, distrito por distrito. En
Capital Federal, la Alianza 2001 -Radicalismo y Frepaso- tuvo
un discurso netamente opositor: el mismo grupo político que
dos años atrás llevó al gobierno a Fernando de la Rúa y Carlos
"Chacho" Alvarez. A su vez aparece una opción nítidamente
oficialista encabezada por el asesor de Cavallo, Horacio
Liendo, y el diputado justicialista Daniel Scioli (ex campeón
de motonáutica). El partido político opositor defendía al
gobierno, mientras que el bloque político que había llevado al
presidente de la República hacía un discurso opositor. Era un
poco complicado decidir el voto.
En otras provincias no se sabía si había algún partido
oficialista, absolutamente todos los discursos eran
opositores, incluyendo buena parte de los discursos del
Radicalismo en las 24 provincias, que no fue oficialista,
cuando dos años atrás esta fuerza había recorrido el país
pidiendo a la gente que la votara y votara a De la Rúa como
presidente.
Esto creó mucha confusión en la opinión pública, por eso es
importante marcar lo que se ha llamado el "voto rechazo" y el
"voto bronca". Por un lado hubo confusión, pero por otro -como
en Capital Federal- hubo todo tipo de opciones: desde el
oficialismo más puro con un economista liberal como Liendo,
hasta opciones trotskistas, marxistas, de izquierda
protestataria, de nueva protesta, etcétera. En Capital Federal
el elector tenía un número de casilleros muy grande para
elegir, y allí ganó el "voto bronca", que fue el voto en
blanco y el voto deliberadamente anulado, entre ellos muchos
con la figura de Clemente...
JPD - También estaban Chilabert, Bin Laden... Había para todos
los gustos.
OAB - También hubo 59 votos a Bin Laden, con talco: también
votos a Sarmiento, a San Martín; también listas de la Unión
Cívica Radical escritas del lado de atrás "traidores" o cosas
por el estilo.
Este "voto bronca" fue mayoría en Capital Federal y en Santa
Fe. Es importante marcar este tipo de desilusión cuando
estamos hablando de que había toda la gama de opciones. No es
que hubiera sólo dos y la gente se haya sentido encasillada
porque ninguna de las dos la representara. La cantidad de
opciones era muy grande.
Hay otro dato: en Argentina el voto es obligatorio, pero como
sucede con la obligatoriedad que hay allí para muchísimas
normas, casi el 27% no fue a votar. Lo que quiere decir que es
"obligatorio pero no demasiado". Sabemos que los padrones
siempre tienen algo de inflado y que hay gente que vive fuera
del país. Si sumamos el voto en blanco y el voto anulado, todo
lo que implica haber tomado una lejanía del sistema político y
no haber elegido a nadie, fue lo más importante en cada uno de
los 24 distritos. En toda Argentina predominó la lejanía o el
rechazo a los partidos políticos.
JPD - Hablando de partidos políticos, ¿cómo quedan los
principales partidos después de esto?
OAB - Hay varios apuntes. El primero es que el Justicialismo
revalida su condición de única estructura política estable a
lo largo de más de medio siglo, con un piso electoral muy
alto, con algunas elecciones difíciles, algunas correntadas a
favor como la de Menem, con una gran solidez interna, más allá
de la dificultad de no tener un liderazgo claro (el de Menem
está muy cuestionado). Aparecen muchas figuras, entre ellas la
de Eduardo Duhalde -que compitió con De la Rúa por la
Presidencia y perdió y que hoy está revalidado con el triunfo
fenomenal en la provincia de Buenos Aires-, Reutemann en Santa
Fe, De la Sota en Córdoba, el propio gobernador de Buenos
Aires, Ruckauf... Son muchas las figuras en el liderazgo
justicialista, lo que puede traer algunos problemas para
funcionar como partido.
El Radicalismo vuelve a demostrar que tiene estructura,
consistencia, pero un piso bajo. Cada tanto, como pasó en 1983
con Alfonsín y en 1999 con De la Rúa, logra grandes
correntadas a favor. Pero fuera de esas correntadas es un
partido pequeño, extremadamente dividido, predominando una
actitud crítica al presidente. Otros -como Alfonsín- con un
discurso de crítica a la política económica pero también
destacando la necesidad de sostener al presidente, lo que es
muy confuso para la gente. Además, sus aliados del Frente País
Solidario (Frepaso), se han diluido muchísimo después del
retiro de Alvarez, de la ruptura de la gente que formó el ARI.
El Frepaso es una fuerza que prácticamente ha caído, en la
provincia de Buenos Aires ha tenido una presencia muy débil.
Hoy le queda como fuerte Capital Federal, donde tiene la
jefatura de gobierno y donde obtuvo la segunda senaduría con
Vilma Ibarra.
La Alianza para una República de Iguales, de la diputada
chaqueña Elisa Carrió, votó bien: entró décima, con bandera
verde en el Senado. Obtuvo el tercer senador en Capital
Federal con el socialista Alfredo Bravo, pero estuvo muy por
debajo de las expectativas. Al cierre de las urnas había hecho
un anuncio triunfante, que luego se fue diluyendo, las caras
cambiaron y el ARI no apareció como esa gran alternativa
sucedánea del Frepaso como se esperaba. En cambio, aparecieron
sectores de izquierda sobre todo en la provincia de Buenos
Aires, como el Polo Social, como los grupos de izquierda de
Zamora o la Izquierda Unida de Capital Federal, que obtuvieron
representación parlamentaria. En esos dos distritos centrales
de Argentina se da un cierto viraje o corrimiento hacia la
izquierda.
***
JPD - Con este panorama, ¿qué podemos esperar?
OAB - De la Rúa sigue gobernando sin grandes cambios -más allá
de cambios de personas- que sean producto propiamente de la
elección. Más bien son esos formidables y permanentes cambios
de ajustes y reajustes económicos, con entradas y salidas de
hombres en el gabinete, que es la característica de casi todo
el último año del gobierno argentino. La política dependerá
esencialmente de los juegos de poder entre el presidente De la
Rúa y el Justicialismo, tanto por la mayoría del Justicialismo
en el Senado y su prevalencia en Diputados, como por la
tenencia de la mayoría de las gobernaciones provinciales,
algunas tan clave como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. A su
vez, sin un liderazgo indiscutido, lo que podría llevar a
cierto debilitamiento.
El problema es que el Radicalismo ha quedado muy debilitado,
sin un papel claro a jugar; no juega un papel claro de
oposición ni es el soporte del gobierno. Este es esquema
básico que quedó en Argentina después de la elección del
domingo para los dos años finales que le quedan a De la Rúa,
ya que en el 2003 son las nuevas elecciones presidenciales en
las cuales en teoría se puede presentar a la reelección.
JPD - "Difícil para Sagitario", ¿no?
OAB - La situación de todos los últimos presidentes radicales
en Argentina ha sido bastante complicada: Hipólito Irigoyen
derrocado en 1930, Ilia fue derrocado, Alfonsín se retira
varios meses antes del gobierno sin cumplir su mandato, y el
cuarto consecutivo del siglo, Fernando de la Rúa, va a cumplir
su mandato (la situación es otra), pero le va a ser muy
difícil no ya que sea reelegido, sino la propia postulación a
la reelección
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