JUAN
ANDRÉS
ELHORDOY:
El
Partido
Colorado
(PC)
viene
impulsando
desde
el
balotaje
una
estrategia
política
consistente
en
un
juego
de
tres
partidos
equidistantes
entre
sí.
Esta
estrategia
se
amplía
y
refuerza
en
las
posturas
hacia
las
venideras
elecciones
municipales,
lo
que
ha
generado
cierto
malestar
en
filas
nacionalistas.
Este
tema
es
lo
que
nos
propone
como
análisis
político
para
hoy
el
politólogo
Oscar
A.
Bottinelli,
director
de
Factum.
El
título:
“Cuando
el
sistema
político
se
trilateraliza
y
por
ahora
quedan
atrás
el
bipolarismo
y
las
familias
ideológicas”.
***
JAE
–
Buen
día,
Oscar.
OSCAR
A.
BOTTINELLI:
Buen
día.
Luego
de
más
de
un
siglo
de
país
bipartidista,
hace
40
años
que
el
sistema
político
está
tratando
de
conformarse.
Se
pasó
de
aquel
bipartidismo,
hacia
fines
de
los
60,
al
tripartidismo
perfecto
en
1994
de
tres
partidos
con
prácticamente
la
misma
cantidad
de
votos.
Luego
pareció
que
de
ahí
caminaba
hacia
un
nuevo
bipartidismo.
En
2004
y
hasta
mediados
de
2009
se
veía
el
retorno
a un
nuevo
bipartidismo
blanco-frenteamplista.
La
elección
de
octubre
marca
que
otra
vez
sigue
la
incógnita,
no
tenemos
un
sistema
de
tres
partidos
pero
tampoco
de
dos.
No
sólo
está
el
tema
de
cuántos
partidos,
sino
de
cuántos
bloques.
Tempranamente
Sanguinetti
lanzó
la
idea
de
las
familias
ideológicas,
de
que
en
Uruguay
había
dos
grandes
familias:
una
constituida
por
lo
que
genéricamente
se
llama
“la
izquierda”,
que
es
básicamente
el
Frente
Amplio
(FA),
y lo
que
podríamos
llamar
la
familia
de
los
partidos
tradicionales
–ahora
empieza
a
hablarse
de
los
partidos
fundacionales–.
La
reforma
del
96,
sobre
todo
después
de
aquel
triple
empate
del
94,
apuró
la
idea
de
un
país
dividido
en
dos
al
crear
el
balotaje
y
evitar
que
la
familia
ideológica
menor
pudiera
ganar
la
presidencia
si
no
era
más
de
la
mitad
del
país.
Esta
tesis
de
un
bipolarismo
tampoco
es
ajena
al
FA
ya
que
desde
su
surgimiento
Seregni
planteaba
en
sus
discursos
la
concepción
de
una
divisoria
de
aguas.
Es
decir,
que
el
país
tenía
como
la
parte
superior
de
las
cuchillas
de
las
sierras,
que
dividen
las
aguas,
y
una
de
las
aguas
sería
el
país
que
ya
había
sido
y
otra
el
país
nuevo,
que
pretendía
representar
el
FA.
Después
de
la
dictadura
revivió
con
mucha
fuerza
la
idea
de
que
Uruguay
iba
hacia
una
nueva
forma
de
bipartidismo
o
bibloquismo.
JAE
– El
planteo
de
que
son
tres
actores
y no
dos
bloques
siempre
tiende
a
perjudicar
a
alguien,
ese
alguien
es
el
partido
más
fuerte
de
los
dos
partidos
tradicionales.
¿Cuál
es
el
perjudicado,
o el
que
se
cree
perjudicado,
con
esto?
OAB
– En
general
nunca
se
sabe
quién
es
el
beneficiado
o el
perjudicado,
pero
entre
los
dos
partidos
tradicionales
siempre
hay
alguien
que
por
lo
menos
transitoriamente
está
mejor
y
cree
que
la
existencia
de
dos
bloques
lo
beneficia,
mientras
que
el
que
está
atrás
siente
que
lo
perjudica.
Cuando
Seregni
hizo
esos
planteos
de
la
divisoria
de
aguas,
sobre
todo
después
del
84,
Wilson
Ferreira
Aldunate
manifestó
su
gran
enojo.
Pero
luego
viene
el
triunfo
de
Lacalle
que
invierte
el
orden
de
los
partidos
tradicionales.
Después,
en
el
94,
con
los
tres
tercios
no
se
sabía
quién
podía
ser
históricamente
el
más
grande.
Luego
viene
una
gran
caída
del
Partido
Nacional
(PN)
y el
PC
parece
quedar
adelante.
Después
se
invierte
y
viene
la
gran
caída
del
PC.
Y
cuando
se
creía
que
se
iba
camino
al
bipartidismo,
con
el
PN
como
la
segunda
pata
de
ese
bipartidismo
y el
PC
como
un
elemento
bastante
auxiliar
al
sistema
político,
viene
una
ruptura
de
ese
posible
bipartidismo.
Entonces
realmente
es
un
poco
difícil
saber
quién
se
beneficia
y
quién
se
perjudica
hasta
que
no
decante
más
el
sistema
político.
JAE
–
Ese
juego
de
dos
bloques,
¿no
aparece
ahora
cuestionado
por
el
PC,
ese
partido
que
inicialmente
fue
el
creador
de
la
teoría
de
las
dos
familias
ideológicas?
OAB
–
Por
supuesto.
Yo
diría
que
hubo
dos
creadores:
el
PC y
el
FA,
porque
la
divisoria
de
aguas
se
complementa
cuando
Seregni,
Arana
y el
propio
Vázquez
tempranamente
adhieren
a un
balotaje
con
la
idea
de
tratar
de
simplificar
el
imaginario
y la
visión
del
sistema
político
en
dos:
se
vota
para
un
lado
o
para
el
otro.
El
bipolarismo
queda
reforzado
con
la
creación
del
balotaje
y
con
el
pacto
hacia
el
primer
balotaje
de
1999
entre
el
PC y
el
PN.
Esto
creó
un
gran
bloque,
un
bloque
de
gobierno
encabezado
por
Jorge
Batlle,
y
ahí
el
PN
siente
lo
que
es
ser
el
segundo
de
un
bloque;
queda
subsumido,
queda
detrás
del
carro
del
otro.
Es
así
que
en
noviembre
de
2002
el
PN
rompe
el
bipartidismo
y
sale
a
este
juego
trilateral.
El
problema
del
bipolarismo
es
cuando,
de
un
lado,
en
lugar
de
uno
son
dos
partidos
y el
que
va
segundo
pierde
identidad,
queda
subsumido.
No
sabemos
quién
es
el
subsumido
porque
ha
ido
cambiando
a lo
largo
del
tiempo
pero
lo
claro
es
la
regla:
dentro
del
mismo
bloque,
el
segundo
de
los
dos
socios
es
el
que
queda
ocultado,
un
poco
diluido
ante
la
opinión
pública.
Entonces
no
se
sabe
quién
es
el
primero
y
quién
es
el
segundo.
Lo
otro
que
está
apareciendo
es
que
el
gran
defensor
de
los
bloques
es
el
que
va
primero
y
que
el
que
rompe
la
bipolaridad
es
el
segundo,
porque
es
el
que
se
siente
más
herido
por
esa
bipolaridad.
JAE
–
¿Entonces
cuáles
son
los
efectos
de
este
juego
trilateral?
OAB
– Lo
vimos
de
alguna
manera
en
el
balotaje.
Mientras
en
1999
hubo
un
pacto
formal
de
los
dos
partidos
y
ese
pacto
llevó
a
que
la
casi
totalidad
de
los
votantes
del
PN
votaran
la
fórmula
Batlle-Hierro
–más
o
menos
del
21%
que
tuvo
el
PN
un 1
y ½
habría
votado
a
Vázquez–
ahora
fue
mayor
el
voto
colorado
hacia
Mujica-Astori.
Pero
además
no
hubo
un
pacto;
Bordaberry
dijo
que
personalmente
iba
a
votar
a
Lacalle,
pero
el
PC
no
se
pronunció,
no
hubo
acuerdo.
Ahí
queda
la
duda:
si
los
votos
colorados
a
Mujica
fueron
porque
Bordaberry,
o el
PC,
no
se
pronunciaron
oficialmente;
o al
revés,
si
Bordaberry
no
va
al
pacto
porque
avizora
que
había
muchos
colorados
que
no
iban
por
el
camino
de
ser
parte
de
un
mismo
bloque,
de
votar
automáticamente
a
Lacalle
contra
Mujica,
y
entonces
prefirió
resguardar
al
PC
de
un
desgaste
en
el
balotaje;
o si
jugaba
más
estratégicamente
a
decir
“acá
no
hay
dos
bloques
sino
tres
partidos
con
relativa
equidistancia
entre
sí”.
JAE
–
Pero
los
efectos
para
las
municipales
pueden
ser
importantes
en
varios
departamentos,
¿no?
OAB
–
Sí,
claro
que
pueden
ser
muy
importantes
porque
no
es
lo
mismo
lo
que
vimos
en
2000
y en
2005,
cuando
hubo
departamentos
en
que
uno
de
los
partidos
tradicionales
prácticamente
no
compitió
y le
cedió
el
terreno
al
otro:
el
PC
estuvo
prácticamente
ausente
en
San
José
y
cedió
el
voto
colorado
hacia
el
PN,
y en
2000
el
PN
estuvo
ausente
en
la
disputa
de
Canelones
y
reforzó
la
posibilidad
del
triunfo
de
Hackenbruch
contra
el
riesgo
de
que
ganara
el
FA.
Es
decir
que
no
todas
las
elecciones
fueron
de
tres
en
el
interior,
muchas
de
ellas
por
decisión
prácticamente
explícita
de
uno
de
los
partidos
y
otras
por
mera
decisión
y
corrimiento
del
electorado.
Ahora
el
PN
es
el
que
salió
adelante
del
PC
en
la
totalidad
de
los
departamentos.
En
un
juego
de
bloques
uno
diría
que
en
las
municipales
el
que
tiene
que
diluirse
es
el
PC.
¿Qué
ha
hecho
el
PC?
Salir
con
candidatos
muy
fuertes,
en
muchos
lados
con
candidatos
nuevos,
en
otros,
aunque
el
candidato
sea
nuevo,
con
un
perfil
muy
distinto
a lo
que
se
puede
llamar
el
perfil
del
caudillito,
el
junta-voto,
y
por
lo
tanto
sale
a
plantear
batalla.
Este
planteo
de
batalla
afecta
algunos
departamentos.
Por
ejemplo,
en
Maldonado
el
FA
no
sólo
ganó
en
las
elecciones
de
octubre
sino
que,
en
la
medida
en
que
el
PC
plantea
batalla,
al
PN
se
le
hace
más
difícil.
No
nos
olvidemos
de
una
regla
fundamental:
que
en
las
elecciones
de
intendente
rige
la
vieja
regla
de
mayoría
relativa,
de
mayoría
simple
o
pluralidad;
el
partido
que
obtiene
más
votos
ganó,
no
importan
los
porcentajes,
no
hay
balotajes.
Por
lo
tanto
el
mayor
de
tres
gana,
como
ganó
Sanguinetti
con
apenas
más
del
30%
en
el
94
porque
lo
que
importaba
era
ser
el
que
tenía
más
votos
de
tres.
También
hay
departamentos
que
hoy
está
gobernando
el
FA
en
los
que
al
FA
le
sirve
que
el
juego
se
trilateralice
lo
más
posible
y el
PC
le
haga
la
mayor
fuerza
posible
al
PN,
como
en
los
casos
de
Treinta
y
Tres,
Salto,
Paysandú
y
Florida.
En
otros,
uno
tiene
el
gobierno
departamental
y la
trilateralización
le
hace
correr
riesgo
de
perder
ese
gobierno
departamental,
como
en
cuatro
departamentos
con
intendente
blanco
pero
donde
en
octubre
ganó
el
FA,
como
Río
Negro,
Soriano,
Colonia
y
San
José;
ahí
un
juego
de
tres
tiende
a
darle
un
poco
más
aire
y
mejores
chances
al
FA
de
las
que
tendría
en
un
juego
de
dos.
En
Rivera,
donde
ganó
el
PN
pero
el
intendente
es
colorado
y el
PC
salió
tercero
en
octubre,
hay
que
ver
qué
fuerza
hace
el
PC,
cuánto
se
debilita
el
PN,
y
cuánto
queda
realmente
en
un
juego
de
tres
que
deje
al
FA,
aunque
no
haya
ganado
en
octubre,
con
alguna
esperanza
de
pelear
la
intendencia.
Lo
que
observamos
entonces
es
que
la
trilateralización
crea
un
juego
diferente,
que
en
términos
objetivos
tiende
a
darle
más
aire
y
mejores
posibilidades
al
FA
desde
el
punto
de
vista
estrictamente
de
los
números
de
octubre.
Pero
por
otro
lado
plantea
que
no
es
solamente
la
lógica
de
“estoy
de
este
lado
o
del
otro”
sino
que
el
PC
pretende
plantear
que
hay
tres
opciones
distintas,
que
no
se
elige
primero
entre
ser
del
Frente
o
ser
de
los
partidos
tradicionales
y
después
elige
un
partido
tradicional,
sino
que
hay
tres
opciones
distintas
en
oferta.
Pretende
no
sólo
crecer,
ser
una
nueva
oferta,
con
planteos
muy
renovadores
sobre
todo
en
la
forma
de
hacer
política
–que
es
lo
que
el
país
estaba
reclamando
y
que
fue
sin
duda
la
causa
más
importante
que
hay
en
el
PC–
sino
que
también
puede
atraer
algunos
votantes
del
FA,
no
necesariamente
gente
que
se
defina
frenteamplista
pero
sí
que
haya
votado
al
Frente
y
que
no
tenga
una
adhesión
plena
en
todas
las
elecciones,
en
todos
los
momentos
y en
todos
los
tiempos,
y
que
el
PC
pueda
salir
también
ahí
a
erosionar
al
FA.
***
JAE
-
¿Conclusiones?
OAB
– La
conclusión
fundamental
es
que
otra
vez
estamos
observando
un
cambio
en
el
sistema
político.
Vamos
a
ver
no
sólo
qué
pasa
con
las
elecciones
municipales
–tenemos
19
observatorios,
19
posibles
resultados–
sino
también
con
el
funcionamiento
político.
Lo
habíamos
marcado
con
mucho
énfasis
en
las
elecciones,
para
todo
lo
que
en
Uruguay
se
requiere
dos
tercios
–que
son
muchas
cosas
importantes,
leyes
significativas,
designaciones
por
ejemplo
de
Corte
Electoral,
Tribunal
de
Cuentas,
Tribunal
de
lo
Contencioso
Administrativo,
Suprema
Corte
de
Justicia–
esos
dos
tercios
los
forma
ahora
el
FA
con
el
PN o
el
FA
con
el
PC,
lo
cual
implica
que
puede
haber
un
juego
de
negociación
separado.
Y
ninguno
de
los
dos
partidos
tradicionales
tiene
la
llave
de
esos
dos
tercios,
lo
cual
habilita
un
juego
más
fluido.
El
PC
tiene
hoy
una
posibilidad
de
juego
que
no
tuvo
en
todo
este
lustro
que
se
va.
***