JUAN
ANDRÉS
ELHORDOY:
Las
elecciones
del
pasado
domingo
fueron
muy
sorprendentes,
generaron
la
necesidad
de
analizar
a
fondo
qué
fue
realmente
lo
que
pasó.
El
politólogo
Oscar
A.
Bottinelli,
director
de
Factum,
presenta
un
primer
análisis
de
lo
ocurrido.
**
JAE
–
¿Por
dónde
comenzamos?
OSCAR
A.
BOTTINELLI:
De
las
elecciones
departamentales
locales
del
9 de
mayo
del
pasado
domingo
no
se
esperaba
gran
cosa.
En
general
esa
era
la
perspectiva,
y
ocurrió
lo
de
esas
tormentas
de
verano,
que
sin
aviso
desatan
una
tempestad.
El
domingo
hubo
lo
que
la
terminología
comparada
llama
“elecciones
administrativas”,
es
decir,
el
tipo
de
elecciones
donde
no
está
en
juego
el
poder
político.
Esto
determina
que
hay
muchas
formas
de
abordar
este
tipo
de
elecciones.
Una
es
el
análisis
micro,
qué
ocurrió
en
cada
circunscripción,
en
cada
departamento,
en
cada
municipio
en
función
de
las
peculiaridades
de
cada
uno.
Otra
es
analizarlo
en
forma
global
y
desentrañar
las
causas
puntuales
de
la
actitud
de
los
votantes,
por
qué
ese
día
en
el
conjunto
del
país
hicieron
lo
que
hicieron.
Y
una
tercera
forma
es
buscar
una
visión
macro,
telescópica,
y
ver
lo
ocurrido
como
un
comportamiento
global
del
electorado,
situado
en
una
perspectiva
histórica
y no
coyunturalizada.
Ese
es
el
ángulo
de
abordaje
que
hoy
pretendemos.
JAE
– ¿Y
cuáles
te
parece
que
son
los
principales
apuntes?
Por
ejemplo,
¿qué
opinas
del
alto
número
de
votos
en
blanco
y
anulados
que
se
registró?
OAB
– Lo
importante
es
señalar
este
alto
nivel
de
lo
que
en
conjunto
llamamos
“voto
refractario”,
constituido
por
el
voto
en
blanco
y
anulado.
Uruguay
es
un
país
en
que
ese
voto
es
muy
bajo
y
estable,
oscila
entre
el 2
y 3%
en
elecciones
nacionales
y
trepa
al
4%
-a
veces
no
llega-
en
elecciones
departamentales
o en
balotaje.
Eso
es
lo
normal.
En
el
último
cuarto
de
siglo
nunca
superó
el
5%,
y
ahora
alcanza
un
promedio
nacional
superior
al
10%,
que
llegó
a
casi
el
14%
en
Montevideo
y
Canelones
y
promedió
el
6%
en
el
interior,
sensiblemente
más
bajo
pero
una
vez
y
media
o el
doble
de
lo
histórico,
de
lo
habitual.
Esta
es
la
primera
señal
significativa
que
el
sistema
político
debe
atender.
Primero,
porque
si
bien
en
Montevideo
el
voto
refractario
es
esencialmente
frenteamplista,
en
Canelones
es
tan
frenteamplista
como
blanco
y en
el
interior
es
un
poco
de
cada
cosa,
un
poco
de
todo.
La
forma
de
la
elección
de
la
candidatura
frenteamplista
en
Montevideo
es
parte
de
la
explicación,
como
la
gestión
municipal
del
Frente
Amplio
(FA)
en
Montevideo
también
es
parte
de
la
explicación.
Pero
ni
lo
uno
ni
lo
otro
es
toda
la
explicación,
ni
lo
más
importante
de
la
explicación
en
términos
de
larga
tendencia.
Cuando
hay
un
fenómeno
global
hay
que
buscar
causas
globales
y
profundas
y
salir
de
la
anécdota.
Aquí
hay
una
clara
advertencia
a
todo
el
sistema
político
pero
al
oficialismo
en
particular.
En
esta
elección
no
hay
ganadores,
tampoco
hay
un
grito
de
“que
se
vayan
todos”,
como
en
la
Argentina
de
2001,
sino
un
“oigan
el
grito
silencioso
de
la
gente,
salgan
del
autismo
en
que
está
el
elenco
político”.
Esto
es
muy
importante,
porque
no
es
el
camino
a la
anomia
sino
a la
búsqueda
de
un
sistema
político
que
reaccione
y
cambie,
que
se
fortalezca.
Al
voto
refractario
habría
que
agregar
que
95.000
personas
se
abstuvieron
de
ir a
votar,
lo
que
es
más
del
4%
de
la
gente
que
votó
en
octubre.
No
es
un
hecho
menor,
pero
como
es
bastante
similar
a lo
ocurrido
cinco
años
atrás,
en
2005
respecto
a
2004,
no
vale
mucho
la
pena
detenerse
en
ello
ni
marcar
el
acento,
y
puede
ser
que
esta
sea
la
diferencia
de
interés
entre
lo
nacional
y lo
departamental.
Pero
el
resumen
es
que
uno
de
cada
siete
montevideanos
o
canelonenses
emitió
un
voto
refractario;
si
le
sumamos
la
abstención,
la
actitud
refractaria
fue
una
de
cada
cinco
personas.
Es
una
barbaridad.
Aún
en
el
interior,
el
voto
refractario
fue
uno
de
cada
16,
pero
si
le
sumamos
la
abstención
esa
actitud
refractario
fue
uno
de
cada
10 y
eso
no
es
poco.
JAE
–
Sí,
son
impactantes
estas
cifras
que
tú
estás
trasladando.
Ahora,
¿qué
pasa
con
el
comportamiento
de
los
votantes,
qué
se
puede
decir
al
respecto?
OAB
–
Hay
que
diferenciar
lo
territorial
de
lo
votacional
porque
en
una
elección
en
que
se
eligen
gobiernos
departamentales
hay
pérdidas
y
ganancias
del
territorio,
pérdidas
y
ganancias
del
gobierno
departamental.
En
lo
territorial,
en
la
ganancia
o
pérdida
del
territorio,
el
resultado
es
grave
para
el
FA y
es
bueno
para
los
partidos
tradicionales,
para
ambos.
En
lo
electoral
el
escenario
es
malo
para
todos.
Veamos
qué
pasó
con
el
electorado
de
octubre
a
mayo
tomando
en
cuenta
los
respectivos
escrutinios
primarios,
porque
las
cifras
pueden
variar
un
poco
con
el
escrutinio
definitivo
pero
más
vale
comparar
primario
contra
primario.
El
universo
total
es
de
2.300.000
electores,
un
poco
menos
en
el
primario.
¿Cómo
fue
el
comportamiento
de
los
partidos?
El
FA
pierde
alrededor
de
170.000
votos,
va a
terminar
en
bastante
más
de
170.000;
el
Partido
Colorado
(PC)
pierde
casi
60.000
votos;
el
Partido
Independiente
(PI)
pierde
algo
menos
de
40.000;
Asamblea
Popular
pierde
un
millar;
y el
Partido
Nacional
(PN)
no
pierde,
gana
pero
apenas
11.000,
menos
de
la
mitad
del
1%;
el
voto
refractario
–voto
en
blanco
y
anulado–
crece
160.000
votos,
más
95.000
de
la
abstención.
Es
decir
que
en
total
los
partidos
políticos
pierden
más
de
un
cuarto
de
millón
de
votos
de
octubre
a
mayo.
Entonces
lo
primero
es
asumir
esto:
cuando
la
elección
es
voluntaria,
como
fue
en
las
mal
llamadas
elecciones
internas,
se
observa
que
cada
vez
vota
menos
gente.
En
el
99
votó
más
que
en
el
2004,
en
2004
más
que
en
2009;
la
última
vez
se
quedó
en
su
casa
la
mayoría
de
los
ciudadanos
que
residen
en
el
país;
ahora
hay
un
número
nada
despreciable,
un
cuarto
de
millón
de
personas,
que
le
dan
la
espalda
a
los
partidos.
Son
señales
de
alarma
que
todos
los
partidos
deben
atender.
Por
eso,
en
estas
elecciones,
sobre
todo
el
lunes,
estuvieron
de
más
algunos
triunfalismos
o el
dar
explicaciones
que
ofenden
la
sensatez
de
los
sensatos.
Porque
en
términos
de
comportamiento
de
la
gente
no
hay
ganadores;
hay
alguno
como
el
FA,
más
perdedor
que
los
demás,
y
alguno
como
el
PN,
menos
perdedor
o
empatador
–si
cabe
el
término–,
pero
no
ganador.
JAE
– ¿Y
qué
otras
lecciones
deja
esta
elección?
OAB
– En
el
mundo,
en
países
con
un
sistema
de
partidos
sólido,
estable,
cuando
hay
elecciones
administrativas
–en
las
que
como
dijimos
no
se
disputa
el
poder
político–
también
se
analiza
el
comportamiento
de
los
votantes
como
adhesión
o
rechazo
a
los
partidos,
que
es
lo
que
hicimos,
y
como
adhesión
o
desafecto
al
gobierno.
Desde
este
punto
de
vista,
este
resultado,
a 70
días
de
instalado
el
gobierno,
suena
como
una
señal
de
alarma
para
el
oficialismo,
como
una
advertencia.
Desde
el
punto
de
vista
de
los
votantes,
la
luna
de
miel
se
terminó,
o
perdió
su
dulzura,
el
presidente
quebró
su
magia.
El
gobierno
podrá
recobrar
el
afecto
de
los
votantes
pero
tiene
que
hacer
cosas
para
recobrarla,
y el
presidente
tiene
que
recobrar
su
magia,
ya
no
es
la
continuidad
de
lo
que
venía.
Y
acá
hay
un
quiebre,
un
punto
de
inflexión.
Recordemos
que
la
semana
pasada
se
registró
un
fuerte
cambio
de
viento
en
la
opinión
pública
en
relación
al
FA y
al
gobierno,
y
este
cambio
de
viento
se
refleja
en
la
votación,
estos
vientos
se
le
llevaron
al
FA
cuatro
intendencias
en
mano
y
varias
que
tenía
volando.
Y
este
cambio
de
viento
fue
determinante
en
el
caso
de
Río
Negro;
no
había
forma
que
el
FA
ganara
allí
luego
de
un
giro
de
180
grados
en
el
tema
más
sensible
para
el
departamento.
Y
también
se
repitió
el
mensaje
de
setiembre
pasado
cuando
desprolijidades
de
la
conducción
del
FA
de
las
candidaturas,
ahora
del
gobierno,
y
desinteligencias
entre
Mujica
y
Vázquez,
afectaron
electoralmente
al
FA.
En
aquel
momento
impactaron
en
la
pérdida
de
cuatro
puntos
porcentuales
en
la
intención
de
voto
que,
a
mes
y
medio
de
las
elecciones,
los
pudo
recuperar.
Ahora
los
impactos
no
dieron
tiempo
a
recuperación
alguna.
Entonces
para
el
FA
es
necesario
advertir
que
en
términos
históricos,
no
de
hoy
para
mañana,
hay
una
crisis
o un
riesgo
en
el
largo
plazo,
un
riesgo
de
perspectiva
que
necesariamente
debe
abordar.
Hay
que
fijarse
en
esto:
de
1971
a
2004
el
FA
lo
que
hizo
fue
crecer
en
votos,
en
cargos,
en
territorio
conquistado.
En
2005
pasó
de
una
a
ocho
intendencias
pero
ese
crecimiento
enmascaró
un
contra
fenómeno
de
pérdida
de
votos
y de
ediles
en
Montevideo.
En
junio
de
2009,
en
las
mal
llamadas
elecciones
internas,
salió
detrás
del
PN,
convocó
menos
gente
que
el
nacionalismo.
En
octubre
de
2009
registró
la
pérdida
por
primera
vez
de
bancas
parlamentarias,
perdió
dos
bancas
en
la
Cámara
de
Diputados.
Ahora
pierde
la
mitad
de
las
intendencias,
en
cuatro
departamentos
las
perdió
con
sólo
un
período
de
gobierno,
apenas
gobernó
y ya
perdió
el
gobierno,
como
en
Treinta
y
Tres,
Salto,
Paysandú,
y
estoy
incluyendo
a
Florida
porque
salvo
un
milagro
celestial
Florida
lo
gana
el
PN.
JAE
–
Sí,
ahí
están
voto
a
voto,
la
diferencia
anda
en
20,
se
está
con
el
recuento
y
esperando
ya
el
conteo
de
los
observados.
OAB
–
Sí,
en
octubre
el
PN
le
descontó
una
diferencia
de
204
votos
en
1.500
votos
observados
al
FA y
ahora
los
votos
observados
son
1.915,
la
gran
mayoría
además
de
las
zonas
rurales
de
Florida.
Es
decir,
toda
la
tendencia
es
que
tendría
que
haber
algo
muy
extraordinario
para
que
el
PN
no
ganara
y no
ganara
con
una
luz
–digo
“luz”
en
esta
cifra–
de
100,
150,
200
votos.
JAE
–
¿Entonces,
siguiendo
la
tendencia
que
tú
trasladabas?
OAB
– Lo
que
tenemos
que
ver
es
que
en
término
de
votos
hay
una
pendiente
deslizante
–octubre
2004,
mayo
2005,
octubre
2009,
mayo
2010–
y en
cada
etapa
la
proporción
de
votos
es
menor
que
la
anterior.
Ahora,
también
debe
observarse
cinco
comportamientos
diferenciales
y
buscar
explicaciones
a
ello.
En
Rocha
y
Maldonado
crece
sustancialmente
el
FA
en
término
de
votos
y
por
eso
revalidó
las
dos
intendencias
con
alta
aprobación.
En
Canelones
y
mucho
más
aún
en
Montevideo
mantiene
el
poder
con
retroceso.
En
los
otros
departamentos
pierde
el
poder.
En
Salto
y
Florida
sin
retroceso,
incluso
con
un
incremento
de
votos
pequeñísimo
pero
que
no
le
alcanzó.
Y en
otros
como
Paysandú
y
Treinta
y
Tres
con
fuerte
retroceso.
Y
hay
un
quinto
comportamiento
que
es
donde
no
gobernaba,
Artigas,
que
ahora
gana.
Ahí
es
importante
observar,
entre
otras
cosas,
los
efectos
–sobre
todo
porque
terminó
siendo
desnivelante–
de
la
focalización
de
una
política
nacional
que
generó
una
divisoria
de
aguas
–el
FA
de
un
lado
y
los
partidos
tradicionales
del
otro–
en
torno
al
proyecto
de
ALUR
de
desarrollo
azucarero
y de
etanol
en
Bella
Unión.
JAE
–
Exactamente,
a
partir
de
la
caña
azúcar,
un
proceso
que
está
en
marcha
ya y
se
puede
ver,
incluso
con
ampliación
importante
del
área
cultivada
de
caña
de
azúcar.
Ahora,
¿qué
se
puede
decir,
a la
luz
de
estos
datos,
de
los
otros
partidos?
OAB
– Lo
impactante
es
que
se
nota
que
los
uruguayos
se
mueven
en
dos
bloques
y
que
hay
poca
interacción
entre
los
bloques.
Los
votantes
frenteamplistas
se
desplazan
entre
el
voto
a su
propia
fuerza
política
y el
voto
refractario
y no
cruzan
–en
términos
significativos–
la
frontera.
Es
interesante
que
tampoco
sienten
atracción
por
las
otras
izquierdas:
ni
Asamblea
Popular
desde
el
ángulo
digamos
combativo
ni
el
PI
desde
ángulo
moderado
han
logrado
captar
el
descontento
frenteamplista.
No
son
vistos
como
una
opción
por
los
frenteamplistas
desafectos,
por
lo
menos
en
términos
multitudinarios.
Y
acá
hay
que
hacer
una
advertencia,
porque
de
nada
vale
el
argumento
de
que
ninguno
de
los
dos
tenía
ninguna
chance
para
ganar
en
ningún
departamento
ningún
gobierno
departamental.
Porque
atención:
no
hay
voto
con
menos
chance,
con
menos
apuesta
a
ganar
nada,
que
el
voto
en
blanco
o
anulado.
Es
decir,
que
si
la
gente
está
dispuesta
a
votar
en
blanco
como
forma
de
protesta
también
podría
votar
a
otro
partido
pequeño
para
expresar
el
descontento,
y no
se
dio.
Por
otro
lado,
vemos
que
hay
un
bloque
claro,
que
la
gente
de
los
partidos
tradicionales
se
movió
entre
el
uno
y el
otro,
entre
lo
blanco
y lo
colorado,
como
vasos
comunicantes,
que
es
un
tema
a
estudiar
muy
seriamente
en
términos
de
largo
plazo.
El
desplome
del
PN y
su
traslación
de
voto
al
PC
que
le
da
el
triunfo
en
Salto
y el
desplome
del
PC
con
el
desplazamiento
del
PN
en
Paysandú
que
le
da
el
triunfo
a
los
blancos
implican
que
la
gente
ve a
ambos
como
un
solo
conjunto
a
los
cuales
privilegia
a
ganar,
y no
la
competencia
entre
un
partido
y el
otro.
Y lo
significativo,
el
gran
drama
de
ambos
partidos
tradicionales,
es
que
en
medio
de
un
fenomenal
golpe
para
el
FA
no
lograron
captar
votos
de
allí,
no
aparecen
como
una
opción
para
la
izquierda
desilusionada.
Y
esta
es
la
limitante
para
los
partidos
tradicionales
que
emerge
de
esta
elección:
avanzan
en
territorio,
lo
cual
es
muy
bueno
para
ellos
desde
el
punto
de
vista
inmediato
del
poder,
pero
no
avanzan
en
electorado,
que
es
lo
importante
en
términos
históricos.
Y
desde
el
punto
de
vista
cualitativo
no
son
menores
los
resultados
obtenidos
por
figuras
que
representan
formas
de
hacer
política
diferentes
a
las
clásicas
de
los
partidos
tradicionales
o a
lo
que
la
gente
cree
que
son
las
formas
clásicas
de
los
partidos
tradicionales.
Lo
que
hay
es
fenómenos
de
personas
que
están
más
cerca
de
lo
que
la
gente
espera
de
una
política
moderna,
de
una
renovación
de
estilos
y
propuestas.
Y en
tal
sentido,
hay
dos
ejemplos
resonantes
–con
lo
ingrato
que
es
nombrar
a
alguien–,
pero
no
son
los
únicos
y
hay
riesgo
de
excluir
a
otros
también
válidos
en
la
misma
dirección:
Armando
Castaingdebat,
el
reelecto
intendente
de
Flores,
con
el
más
alto
porcentaje
alcanzado
por
candidato
alguno
en
esta
elección
de
cualquier
partido,
y
por
otro
lado
Germán
Coutinho
en
el
PC,
electo
intendente
de
Salto,
corriendo
desde
atrás
contra
todas
las
dificultades.
En
ambos
casos
gente
joven,
con
nuevos
estilos,
nuevos
mensajes
y
nueva
conexión
con
el
pueblo.
Creo
que
son
señales
que
uno
y
otro
partido
debe
atender:
la
respuesta
que
obtienen
cuando
hay
nuevas
formas
de
hacer
política
que
la
gente
sintoniza
con
ellas.
***
JAE
–
Desde
la
audiencia
surgen
comentarios
acerca
de
reformas
del
sistema
electoral
que
de
algún
modo
se
han
estado
planteando
en
estas
horas.
OAB
– De
la
reforma
del
sistema
electoral
se
comenzó
a
hablar
hace
un
par
de
meses.
Es
muy
bueno
que
se
debata
porque
el
sistema
implantado
en
1996
hace
agua
por
demasiados
lados.
Pero
hay
que
hacer
un
compás
de
espera,
no
se
puede
abordar
una
reforma
a
partir
del
impacto
emocional
de
una
elección
como
esta
y en
especial
de
la
cantidad
impresionante
de
diagnósticos
incorrectos.
En
estos
días
se
ha
dicho
una
catarata
de
disparates
sobre
causas
y
efectos
de
los
mecanismos
electorales.
Además
se
han
criticado
cosas
que
benefician
a un
partido
de
un
departamento
pero
que
lo
perjudican
en
otro,
o al
revés.
Entonces
lo
más
sensato
en
reforma
electoral
es
que
no
se
hable
hasta
que
no
se
calmen
las
aguas.
Después,
con
calma,
ver
de
verdad
cuáles
son
los
elementos
que
influyen,
cuánto
influyen
y en
qué
dirección,
para
hacer
una
reforma
por
lo
alto
y no
para
corregir
las
molestias
que
siente
cada
uno.
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